El “Eje franco-alemán” dentro de la Unión Europea ha alcanzado un compromiso orientativo sobre la financiación del nuevo megafondo contra el coronavirus. Con ello se elimina además un importante obstáculo para el nuevo presupuesto plurianual de la UE 2021-2027.
El presidente francés Emmanuel Macron y la canciller alemana Angela Merkel acordaron un fondo europeo de ayuda de 500 mil millones de euros que debe formar parte de un paquete revisado de competencias de la Unión Europea. Lo más característico es que prácticamente ningún país de la UE obtiene exactamente lo que quería, y que la mayoría de países tendrán que aceptar algo que hasta ahora no querían.
Además, Macron y Merkel evitan la polémica en cuanto a si los pagos de ese nuevo fondo contra el coronavirus son ahora donaciones incondicionales o subsidios y préstamos con condiciones. Tampoco dicen qué país podrá recibir cuánto, ni qué país tendrá que aportar cuánto.
Los jefes de gobierno de los países del sur de Europa, España, Francia, Italia, Grecia, Portugal y Chipre, dejaron claro la semana pasada que la UE debía presentar lo antes posible un fondo de recuperación por valor de 1,5 billones de euros, tres veces más de lo que ahora está sobre la mesa de negociaciones. Por lo tanto, no obtienen lo que pidieron y deberán esperar a ver cuánto tendrán que devolver o no.
La solicitud del sur de Europa no fue bien recibida por los Estados miembros del norte de economías fuertes como Países Bajos, Alemania, Austria, Dinamarca y Finlandia. Consideran que 1,5 billones de euros es demasiado, se oponen a donaciones, prefieren un préstamo y creen que septiembre es pronto para ponerse de acuerdo. Sin embargo, la canciller Merkel ya reconoció la semana pasada que Alemania tendrá que pagar más a la UE en adelante.
“El objetivo es salir de esta crisis como una Europa más fuerte y solidaria”, dijo Merkel. “Para eso es este dinero. Este esfuerzo extraordinario y único está destinado a apoyar a los países más afectados.”
Los 500 mil millones ahora calculados tendrán que ser tomados en préstamo por la Unión Europea en el mercado de capitales (las tasas de interés están actualmente muy bajas), y los 27 países de la UE deberán garantizar cada uno una parte (aún no especificada). Macron y Merkel dicen que se debe aumentar la carga de deuda permitida en Europa.
Con esto, parecen dar un paso hacia la emisión de “eurobonos” (títulos de deuda), algo que hasta ahora ha chocado con un “no” alemán. Además, Macron y Merkel abren el camino para que dentro del presupuesto de la UE se puedan generar “nuevas fuentes de ingresos”, un término para nuevos impuestos a nivel europeo.
Entre los impuestos de la UE podría incluirse un gravamen a beneficios en internet, o un impuesto al CO2 por importaciones, un impuesto ambiental a botellas plásticas desechables o un peaje europeo por kilómetros recorridos en automóvil. El plan financiero, según los dos líderes, se alcanzó tras consultas con, entre otros, Países Bajos e Italia.
La canciller Merkel habló del compromiso franco-alemán alcanzado como el “plan a corto plazo”. Los planes a medio y largo plazo aún deben elaborarse. Existe incertidumbre sobre quién (qué países) finalmente tendrá que pagar o amortizar la mega deuda, y si será conforme a las actuales claves de distribución de la UE, o si los hombros más fuertes tendrán que soportar las cargas más pesadas.
Además, no se mencionan plazos, lo que también podría significar que la mega deuda se declare “libre de amortización”, como préstamos perpetuos. Según Macron, la solidaridad europea es importante para combatir la crisis.
El compromiso financiero presentado ahora coincide en líneas generales con el anterior documento estratégico franco-alemán ("non-paper") sobre el futuro de la Unión Europea, y con las reformas y modernizaciones deseadas por París y Berlín. La salida del Reino Unido con el Brexit se aprovecharía para revisar a fondo la organización y las tareas de la UE. El inicio de este proceso se daría bajo la presidencia francesa de la UE a finales de 2020, y se completaría bajo la presidencia alemana, a comienzos de 2020 (“la fiesta de despedida de Merkel”).
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se mostró satisfecha con la propuesta, que “hace bien en enfatizar la necesidad de trabajar en una solución centrada en el presupuesto europeo”. Según ella, es “un paso en la dirección” del plan en el que la propia Comisión está trabajando. Esa propuesta, que consiste en el presupuesto plurianual (MFP) ajustado y un fondo de recuperación contra el coronavirus, se presentará el próximo miércoles.
La vinculación entre esos dos grandes expedientes financieros parece no ser una buena noticia para los Estados miembros del este de la UE que dependen en gran medida del apoyo financiero de los actuales fondos estructurales europeos, inversiones rurales, subsidios agrícolas y otras ayudas específicas.
Dado que la nueva política climática de la UE ("Green Deal") se incluirá en este presupuesto plurianual, países del este como Polonia, Lituania, Rumanía y Bulgaria temen que sus apreciados subsidios se “transformen” en subsidios del Green Deal. Finalmente, los 27 países de la UE deberán aprobar el plan para que pueda ponerse en marcha.

