En el primer semestre se deberá ver si la nueva PAC presenta problemas iniciales o dificultades en su implementación. Después de que hace unas semanas —por último— se aprobara el plan estratégico holandés en Bruselas, tras años de preparativos detallados, esta nueva política agrícola podrá comenzar. Incluye más espacio para prioridades nacionales, lo que sin duda conducirá a más consultas y debates.
Países Bajos considera 2023 un año de transición. Por parte de la Comisión Europea ya se ha indicado que no se aplicará estrictamente todas las reglas y procedimientos, dejando espacio para la experiencia práctica adquirida. Pero entre la teoría y la práctica sin duda todavía habrá muchas cejas fruncidas…
Las consecuencias de la guerra rusa contra Ucrania también llegarán con fuerza el próximo año; no solo para los agricultores y productores de alimentos, sino para todos los europeos. El avance militar ruso el año pasado ha llevado a una nueva Guerra Fría entre Europa del Este y del Oeste, con todas sus consecuencias.
Las sanciones internacionales contra el régimen de Putin obligan a los países de la UE a una reevaluación geopolítica, incluida una nueva política energética (léase: gas más caro, fertilizantes, boicots comerciales, etc.). En el próximo semestre, la agricultura europea deberá abordar si se deben volver a imponer aranceles de importación de la UE a las exportaciones agrícolas ucranianas, o si seguiremos ‘ayudando a Ucrania en todo caso’.
Además, en las agendas agrícolas europeas hay al menos una decena de expedientes latentes que o bien se resolverán de forma ordenada, o bien se extinguirán sin pena ni gloria, o podrían acabar generando conflictos.
Los comisarios quieren tener varios planes resueltos y aprobados a tiempo para evitar que sus propuestas sean "dejadas para después de las elecciones". El plan anual publicado recientemente ya muestra que varios proyectos deberán posponerse.
El año calendario 2023 será, en todo caso, un año especial para la política europea. En otoño comienzan las campañas para las elecciones de primavera de 2024 para un nuevo Parlamento Europeo. El período de campaña suele ser para los políticos un momento en que se acentúan las diferencias, dificultando la búsqueda de compromisos. Por lo tanto, el período de campaña no es el mejor momento para que los comisarios logren impulsar con éxito sus decisiones de gran alcance en el Parlamento Europeo.
Esto podría convertirse en un problema para el paquete de Restauración de la Naturaleza, Fertilizantes y Protección de Cultivos de los comisarios Timmermans, Sinkevicius y Kyriakides. Muchos ministros de agricultura de la UE quieren primero un estudio adicional (¿incluyendo al menos medio año de retraso?). Además, la Comisión de Agricultura está poniendo frenos, los comisarios dicen estar dispuestos a llegar a un compromiso y la Comisión de Medio Ambiente quiere tramitar esas leyes sobre naturaleza y cultivos antes del inicio de la campaña electoral.
Los comisarios europeos tienen mandato hasta noviembre de 2024. Por tanto, aún les quedan casi dos años por delante, pero incluyendo un Parlamento en campaña y luego un nuevo Parlamento en período de aprendizaje. Después, estará por verse qué comisarios “podrán continuar” y si conservarán las mismas responsabilidades.
Así que la Comisión actual seguirá en funciones durante todo 2023. Para nuevos planes y presupuestos necesitan la aprobación de los consejos de ministros especializados y del Parlamento Europeo. Esto suele ocurrir en las negociaciones trilaterales (los llamados trílogos); un proceso laborioso y detallado de examinar todos los puntos, comas y cifras.
En materia agrícola hay muchos asuntos pendientes que aún deben resolverse en los trílogos. Y ya se sabe que sobre muchos de ellos existen grandes discrepancias, con la consiguiente mayor probabilidad de retrasos…

