Los líderes europeos, reunidos en Bruselas para su cumbre ‘financiera’ de la UE en el quinto día de negociaciones, finalmente alcanzaron un acuerdo sobre un paquete económico de estímulo sin precedentes y sobre el marco financiero plurianual de siete años. Este acuerdo ya se califica como 'histórico'.
El paquete de recuperación por el coronavirus acordado, de 750.000 millones de euros, y el presupuesto plurianual de la UE de 1,074 billones de euros representan un hito, ya que los países de la UE decidieron por primera vez pedir prestado conjuntamente una gran suma en los mercados financieros de capital. La deuda conjunta para países individuales hasta ahora era inviable en la UE.
Bajo la dirección del primer ministro liberal neerlandés Mark Rutte, cuatro países de la UE considerados 'tacaños' (Austria, Suecia, Dinamarca y Países Bajos) se opusieron durante largo tiempo a demasiadas 'donaciones' no controladas del fondo para el coronavirus.
Aunque el volumen total del fondo se mantiene en 750.000 millones de euros, finalmente se equilibró la proporción entre subsidios y préstamos. La propuesta final ahora contempla 360.000 millones de euros en préstamos y 390.000 millones de euros en subsidios, lo que para la mayoría sigue considerándose un resultado decente.
Aunque aún no se conocen todos los detalles del acuerdo, ya está claro que los últimos cambios financieros tendrán grandes consecuencias para los principales programas de la UE, algunos de los cuales forman la base de las prioridades actuales de la Comisión Europea.
El único instrumento que estaba destinado a apoyar al sector sanitario fue eliminado por completo, y Horizonte Europa, concebido para fomentar la innovación, también sufrió importantes recortes. La financiación de la política de vecindad y el Instrumento de Apoyo a la Solvencia, un fondo de 26.000 millones de euros para respaldar a empresas privadas económicamente viables, quedaron ambos fuera.
La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, dijo que era "lamentable" que se eliminara el instrumento de solvencia, pero aún calificó todo el acuerdo como "un gran paso hacia la recuperación". Además, los cuatro países reacios lograron una mayor reducción en su contribución anual a la UE. Al insistir en una asignación menor de subsidios, los países austeros han socavado su propio objetivo de modernizar el presupuesto en su conjunto, según señalan ahora los críticos.
Un avance importante es que los líderes de la UE aceptaron que la UE pueda imponer ‘impuestos propios’, generando así ‘ingresos propios’. Esto significa que la UE ya no depende completamente de la buena voluntad de los países miembros para financiar su labor mediante las aportaciones anuales.
La canciller alemana Angela Merkel – cuyo país preside la rotación de la presidencia de la UE – declaró en una primera reacción: “Europa ha demostrado que es capaz de abrir nuevos caminos en una situación tan especial como esta. Hemos sentado la base financiera para la UE durante los próximos siete años.”
El presidente francés Emmanuel Macron dijo que “esta fue una cumbre cuyos efectos, confío, serán históricos.” Añadió que la cooperación franco-alemana fue crucial para cerrar el acuerdo. El primer ministro español Pedro Sánchez afirmó que “se ha escrito una de las páginas más brillantes de la historia europea” y elogió el acuerdo como “un auténtico Plan Marshall”.
Pero su homólogo neerlandés, Mark Rutte, se negó a coincidir en que se tratara de un acuerdo histórico.

