La contaminación del suelo representa un peligro para el suministro de agua potable y amenaza con extenderse a través de algunos ríos hacia el Kattegat. El sanador de suelos Nordic Waste es uno de los mayores procesadores especializados de suelos en el norte del país, con - en algunos puntos - un almacenamiento de más de 70 metros de altura. En un informe se estima que tres millones de metros cúbicos de tierra – con un peso aproximado de 5 millones de toneladas – se están desplazando cuesta abajo a casi 10 metros por día.
En Nordic Waste se almacenaba, entre otros, el suelo de fosas comunes de visones y animales de piel de Dinamarca y Noruega, retirados tras las masivas limpiezas durante la pandemia. La empresa es propiedad de una familia danesa adinerada, pero solicitó la bancarrota poco después de la ruptura del dique.
Ahora los costos de la limpieza amenazan con recaer sobre los ciudadanos. Ante la incertidumbre continua sobre quién será finalmente responsable de los gastos y daños, la situación en torno a Nordic Waste sigue siendo un tema candente en Dinamarca.
En Dinamarca ha provocado conmoción la magnitud de los problemas relacionados con Nordic Waste. No solo tiene consecuencias para el medio ambiente, sino que también cuestiona la efectividad de la protección ambiental y la regulación en Dinamarca. Mientras las autoridades locales y organismos ambientales se ocupan de contener las fugas, crecen las demandas de una regulación más estricta.
Los partidos políticos consideran trasladar las inspecciones ambientales para estos depósitos desde los municipios a niveles provinciales o nacionales. Incluso se habla de revocar las aprobaciones ambientales municipales previamente concedidas en respuesta al escándalo de Nordic Waste.
Un reportaje de TV2 mostró que el director de Nordic Waste también renunció al consejo de administración de Sund & Bælt, la empresa detrás del Puente del Gran Belt. El multimillonario está siendo duramente criticado porque, debido a la bancarrota, no puede ser suficientemente responsabilizado. Además, hay polémica porque sus otras empresas reclaman millones al Nordic Waste en quiebra.
Tras esta crisis, Dinamarca parece enfrentarse a un punto de inflexión en su enfoque de la protección ambiental. El escándalo de Nordic Waste no solo ha expuesto las vulnerabilidades en el sistema actual, sino que también ha intensificado la urgencia de llevar la gestión ambiental a un nivel superior.

