La protesta ha sido convocada conjuntamente por la federación agrícola establecida FNSEA y la FRSEA, grupo más radical que se separó a principios de este año. En sus anuncios, ambas organizaciones mencionan bloqueos alrededor de París y otras ciudades. Exigen reformas estructurales y mejores perspectivas económicas, y rechazan el “impasse ideológico” en el debate parlamentario.
El motivo es el proyecto de ley del senador conservador de derecha Duplomb, que se discutirá el lunes en la Asamblea Nacional. La propuesta busca aliviar las normativas medioambientales y reducir la burocracia para los agricultores. Según sus defensores, esto ofrecería nuevas perspectivas a los agricultores. Los opositores temen que lleve a una relajación de las normas ambientales.
El debate sobre la ley está completamente estancado en la política francesa. Los partidos de izquierda han presentado más de 3,300 enmiendas que ralentizan el proceso. Acusan a Duplomb de organizar un retroceso ecológico con su propuesta. El gobierno francés aún no se ha pronunciado oficialmente, pero los ministerios subrayan la importancia de la ‘transición ecológica’.
El resultado de las votaciones en la Asamblea parece muy incierto. Algunos opositores han anunciado que presentarán una moción de rechazo para bloquear directamente todo el proyecto de ley. Al mismo tiempo, tras bambalinas se están negociando intensamente posibles compromisos. Duplomb defiende su propuesta como un ‘freno de emergencia’ necesario para los agricultores.
Además de la protesta política, crece la ira por mantener la prohibición del uso de neonicotinoides. La ministra de Medio Ambiente Pannier-Runacher ha declarado que quiere mantener esta prohibición. Sin embargo, muchos agricultores consideran estos productos químicos indispensables para el cultivo de sus cosechas y exigen flexibilizaciones en las normas medioambientales agrícolas.
El ambiente en el campo francés lleva tiempo siendo tenso. La escisión de la FRSEA refleja esta inquietud. A principios de este año lograron conquistar algunos importantes puestos de dirección en la federación oficial durante elecciones internas.
Este grupo se basa en una mezcla de frustraciones económicas y desconfianza hacia las élites. En algunos medios se compara este movimiento con las protestas de los ‘chalecos amarillos’ de 2018, que también recibieron apoyo espontáneo en aquel entonces.
Según varias fuentes, el riesgo de una escalada descontrolada está aumentando. La combinación de estancamiento político, presión económica y agricultores protestando genera nerviosismo en las autoridades francesas. Para el presidente Macron, la protesta agrícola amenaza con convertirse en un nuevo símbolo nacional de descontento.

