La empresa neerlandesa-suiza Allseas se ha retirado del Mar Báltico. La compañía ha abandonado los trabajos de construcción del controvertido gasoducto Nord Stream 2. Todos los barcos y empleados han salido ya de la zona.
La empresa especializada se retira bajo presión de Estados Unidos. Los estadounidenses amenazaron con sanciones contra las compañías que trabajaran en el gasoducto ruso, que proporciona una conexión directa entre Rusia y Alemania.
Los estadounidenses temen que Rusia obtenga demasiada influencia en el oeste de Europa, pues controlaría una parte cada vez mayor del mercado europeo del gas. Además, EEUU también produce cada vez más gas natural que quiere vender en Europa.
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Allseas, una empresa offshore neerlandesa-suiza, estaba trabajando en el Mar Báltico con dos grandes barcos para colocar tuberías y varias embarcaciones de apoyo. En los barcos trabajaban alrededor de 1000 empleados.
Es el mayor proyecto para colocar tuberías en el que Allseas haya participado jamás. Se debía tender aproximadamente 2300 kilómetros de tubería a lo largo de un recorrido de 1222 kilómetros. Es así el gasoducto submarino más largo del mundo.
Nord Stream 2 está destinado a duplicar la capacidad del primer gasoducto en el fondo del Mar Báltico y transportar hasta 55 mil millones de metros cúbicos adicionales de gas ruso anualmente hacia el norte de Alemania. Desde allí el gas se distribuye a consumidores en toda Europa.
El primer ministro ruso Dmitri Medvédev afirmó que las sanciones estadounidenses "no significan una catástrofe" y que el gasoducto podría estar operativo en unos meses. La compañía rusa Gazprom tiene alternativas para terminar la obra. Gazprom ha encargado al Akademik Cherskiy, un barco para tender tuberías de 150 metros, continuar con la construcción. El Akademik Cherskiy es considerablemente más pequeño que el Pioneering Spirit de Allseas y debe llegar todavía de un trabajo en Asia Oriental.
Se espera que el gasoducto esté finalizado a finales de 2020. El gobierno alemán censuró la amenaza de sanciones estadounidenses, que los alemanes consideran una interferencia grave en asuntos internos.

