En España, en abril no solo la actividad económica, como la hostelería, el comercio minorista, la aviación y el turismo, se paralizaron casi por completo, sino que también el sector agrícola apenas pudo seguir funcionando.
España estuvo varias semanas en un confinamiento casi total y ahora está suavizando lentamente las estrictas medidas restrictivas. Solo las personas que realizaban trabajos esenciales, incluidos los agricultores, pudieron desplazarse libremente entre su hogar y lugar de trabajo durante las últimas semanas. España es uno de los mayores exportadores de frutas y verduras de la Unión Europea.
El país permitió a los españoles desempleados conservar sus prestaciones si trabajaban como cosechadores en el campo. “Es una oportunidad para muchas personas que de otro modo simplemente se quedarían en casa”, dijo Lorenzo Ramos, secretario general de la Unión de Pequeños Agricultores. “El campo puede convertirse así en un refugio”, agregó. También se necesitan inmigrantes extranjeros (generalmente marroquíes) para poder recolectar de todo, desde fresas, arándanos, naranjas y uvas hasta ciruelas, tomates y calabacines.
Se pidió a los supermercados que colocaran productos españoles “en lugares visibles en las estanterías” y que promovieran esos alimentos. Según el ministerio, también se solicitó a las empresas distribuidoras de alimentos que apoyaran “productos de temporada y regionales”.
La crisis del coronavirus volvió a poner de manifiesto una de las deficiencias del sector agrario en la provincia andaluza del sur de España. Anteriormente, los agricultores españoles ya protestaban por la fijación injusta de precios, pero nuevamente en esta situación de confinamiento ha quedado claro que la agricultura local es vital para el suministro alimentario propio, según afirmó el sitio de noticias español elsaltodiario.com el pasado fin de semana en un artículo sobre la “dolorosa situación” del actual modelo agrícola andaluz.
Los agricultores de la provincia agrícola de Andalucía aseguran enfrentarse a una fijación injusta de precios en los contratos de suministro entre cooperativas, comercio a término, proveedores de materias primas, empresas agroalimentarias y cadenas de supermercados. Además, en el comercio mundial son desplazados por frutas y alimentos procedentes de países con normativas de calidad diferentes.
La crisis del coronavirus ha dejado una profunda huella en su sector, que representa el 6,5 por ciento de la economía andaluza. Mientras que el consumo de verduras en España aumentó un 44% durante el confinamiento, el precio de las verduras para los horticultores cayó drásticamente, hasta un 77%.
Las organizaciones del sector critican el modelo de venta basado en intermediarios orientados a la obtención de beneficios. La Asociación de Agricultores y Ganaderos COAG en Andalucía denunció en los medios locales la caída extrema de precios de las verduras y calificó la bajada como vergonzosa. Según ellos, esto demuestra una vez más la enorme carencia de organismos reguladores competentes en lo que respecta a la cadena alimentaria.
El sector agrícola español, especialmente en el centro y sur tradicional del país, sigue estando formado en gran parte por decenas de miles de “pequeñas” explotaciones familiares. Además, en España buena parte de la política agrícola, estrategia, desarrollo de producto y control de calidad no está organizada a nivel nacional, sino que muchas competencias y presupuestos se asignan a organismos regionales y locales que en gran medida tienen interés en mantener su situación actual.

