El gabinete francés recibió aplausos y advertencias, ya que muchos agricultores se sienten abandonados y temen por su futuro.
El congreso marcó un nuevo intento de la FNSEA por fortalecer su papel central en la política agrícola francesa. En los últimos años, su dominio ha disminuido debido al auge de organizaciones agrícolas más pequeñas y activistas. Aun así, con más de 200.000 miembros, la FNSEA sigue siendo la mayor confederación de organizaciones agrícolas en Francia.
Dentro de la FNSEA misma hay una creciente división. Las organizaciones agrícolas tradicionales temen que la agricultura sostenible y ecológica domine demasiado la agenda. Por otro lado, los agricultores ecológicos consideran que la FNSEA hace muy poco para apoyar una agricultura responsable con el medio ambiente. Esta lucha interna dificulta hablar con una sola voz.
Durante el congreso, los agricultores pidieron menos burocracia y una ayuda más rápida ante crisis. Especialmente las normas sobre uso de pesticidas y depuración de agua causan frustración. La organización hace un llamado a “soluciones prácticas en lugar de planes de papel” y advierte que la paciencia de los agricultores se está agotando si no hay resultados concretos.
El gobierno francés ya había recibido una llamada de atención con la protesta agrícola de principios de año. La ministra Annie Genevard obtuvo aplausos, pero también críticas duras durante el congreso. Sus anuncios sobre una aceleración en el pago de subsidios y un mayor diálogo con los agricultores fueron recibidos como un paso en la dirección correcta, pero claramente insuficientes.
La FNSEA es una de las muchas organizaciones agrícolas en Francia, un país donde el sector agrario está profundamente arraigado en la economía. Además de la FNSEA, existen asociaciones sectoriales para, por ejemplo, ganaderos lecheros, productores de cereales, viticultores y productores ecológicos. Juntas, estos grupos representan una parte considerable del campo francés y tienen influencia política incluso en Bruselas.
Un tema destacado este año fue la gestión del agua. Debido a la sequía y al cambio climático, el riego se ha convertido en una cuestión crucial. Los agricultores piden más embalses y menos restricciones, mientras que los movimientos medioambientales temen daños para la naturaleza y la biodiversidad. La FNSEA exige que la agricultura tenga prioridad en la distribución del agua.
Finalmente, el presidente de la FNSEA, Arnaud Rousseau, subrayó que se acabó la época de promesas vacías. Instó al gobierno a tomar decisiones claras para el futuro de la agricultura francesa. Según él, está en juego algo más que intereses económicos: también se trata de la seguridad alimentaria, la habitabilidad rural y el respeto por el trabajo agrícola.

