La invasión rusa, que comenzó a finales de febrero en el este, sur y norte de Ucrania, ha trastornado la industria agrícola del país. La incursión rusa causó primero una escasez de combustible “que dificultó la campaña de siembra”, subrayó Serguéi Ivashtchenko, director de la asociación ucraniana de cereales. El bloqueo de los puertos marítimos ucranianos también ha impedido la exportación de cereales durante meses.
“La ocupación de parte de las regiones, los enfrentamientos en los campos, la destrucción de infraestructuras” redujeron la superficie cultivada en “aproximadamente una cuarta parte”. “Normalmente sembrábamos en unas 25 millones de hectáreas. Este año solo pudimos cosechar en 18 a 19 millones de hectáreas”, explicó el portavoz. Además, señaló una “disminución” en el rendimiento. Muchos agricultores ya no pueden permitirse usar fertilizantes artificiales.
Hasta la fecha, Ucrania ha cosechado 46,6 millones de toneladas de cereales en un 90 % de las tierras cultivadas. Sin embargo, todavía falta recoger el 30 % del maíz, destacó Sergey Ivashchenko.
El Fondo Monetario Internacional (FMI) prevé para el próximo año una fuerte recesión económica en Ucrania. Una desaceleración en la cosecha debido a malas condiciones climáticas, limitaciones en logística y capital de trabajo, así como bombardeos rusos a la infraestructura energética, empeoran las perspectivas económicas de Ucrania.
“Se espera que el PIB real registre una contracción total del 33 % en 2022”, es el escenario base previsto por el FMI. Los riesgos permanecen extremadamente altos.
Un panorama aún más desfavorable pronostica una inflación del 40 % y una caída de las reservas internacionales en 18 mil millones de dólares. En consecuencia, serán necesarios 9,5 mil millones de dólares adicionales de financiación presupuestaria sobre los 39,5 mil millones básicos. Países Bajos anunció la semana pasada un apoyo financiero adicional de 2,5 mil millones de euros para Ucrania.

