Pero existen grandes diferencias entre los sectores. La ganadería tiene una deuda mayor en comparación con, por ejemplo, el cultivo de cultivos. Los porcicultores suelen tener costos de producción más altos y enfrentan una mayor presión debido a las fluctuaciones en los precios del mercado. Por otro lado, los cultivos tienen costos más bajos y rendimientos más estables.
En cuanto a la posición de la deuda en la agricultura, desde 2018 se observa una disminución de la carga total de la deuda. El año pasado, la deuda total ascendió a 263 mil millones de coronas, lo que representa una reducción considerable respecto al año pico 2010, cuando la deuda era de 355 mil millones de coronas. Esta disminución se debe principalmente a los bajos costos de interés y a la refinanciación de préstamos fijos con intereses variables. Esto permite que muchas empresas agrícolas reduzcan sus gastos en intereses y disminuyan sus deudas.
El informe anual sobre el aumento de ingresos llega en un momento desfavorable para la agricultura y ganadería danesas. A nivel político, actualmente se debate sobre la cuantía de un futuro impuesto al CO2 en productos agrícolas. Este nuevo gravamen está destinado a reducir la contaminación del aire y el agua y a disminuir el impacto en el clima.
Aunque este impuesto al CO2 es considerado esencial desde una perspectiva ecológica, la medida genera resistencia en el sector agrícola. Los agricultores afirman que esto incrementará sus costos de producción y debilitará su posición. Las organizaciones agrícolas solicitan una compensación total por la futura depreciación del valor de las tierras agrícolas y de las explotaciones que tengan que reducirse.
Los críticos señalan que la agricultura y la ganadería han hecho poco en las últimas décadas por proteger el medio ambiente y restaurar la naturaleza, y que gracias a esto han podido construir y aumentar su patrimonio. Según ellos, las nuevas cifras demuestran que los agricultores sí pueden pagar ese nuevo impuesto al CO2.

