Gran Bretaña destina 800 millones de euros para la construcción de nuevas oficinas de aduanas y almacenes que serán necesarios a partir del próximo año. El tráfico fronterizo con los países de la UE ya no estará bajo las normas aduaneras de la UE, ya que los británicos se están retirando.
Tras la salida británica de la UE, la aduana británica tendrá que controlar con mayor rigor las mercancías que entren al Reino Unido provenientes de la UE. De esa cantidad, unos 525 millones de euros se destinarán a la construcción de áreas aduaneras ('en alguna parte del interior británico') para el control de la carga de camiones. En los puertos británicos no hay espacio para ello. El resto del dinero está destinado a la compra de software, equipos, edificios y a la contratación de 500 aduaneros adicionales.
El brexitista Boris Johnson siempre ha afirmado que tras la salida del Brexit no habría ningún retraso en la entrada y salida de mercancías, y que no surgirían cuellos de botella en los puertos. También se supo la semana pasada a partir de documentos filtrados que los camiones británicos con mercancías para países de la UE solo podrán circular si cuentan con un permiso especial. Las autoridades británicas quieren evitar atascos en las áreas portuarias porque las cargas no tengan la documentación adecuada.
El anuncio sigue a la filtración de una carta confidencial de la ministra Truss para Comercio Internacional. En ella expresa su preocupación por la intención del gobierno de aumentar los controles sobre las mercancías de la UE, pero solo de manera gradual. Solo a partir del 1 de julio se controlará de forma estricta. Truss teme, entre otras cosas, que los contrabandistas puedan aprovecharse de ello.
Sobre el delicado punto de la frontera entre el estado miembro de la UE Irlanda y el Reino Unido aún no se ha tomado ninguna decisión. Todos están de acuerdo en que no deben establecerse controles fronterizos entre Irlanda y la Irlanda del Norte británica.
Pero las autoridades norirlandesas tampoco quieren controles entre Irlanda del Norte y el resto del Reino Unido, porque desean seguir perteneciendo plenamente a este último. Irlanda solo quiere hablar con Londres cuando los británicos aclaren cómo ven esa 'aduana sin frontera'.
La preparación para la nueva situación se complica aún más por la crisis del coronavirus. En las negociaciones sobre un nuevo sistema fronterizo y aduanero, así como sobre un nuevo tratado comercial, hay un atraso de meses. La UE y el gobierno británico aún no se ponen de acuerdo sobre las normas que deben aplicar.
Si los negociadores no llegan a un acuerdo, eso significará entre otras cosas que los países de la UE impondrán aranceles a la importación de bienes y servicios británicos y viceversa. Diplomáticos europeos han señalado que los británicos han tenido años para prepararse y que desde el principio han sabido todo lo que les esperaba si querían salir de la UE.

