El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, mostró gran comprensión hacia la invasión durante su visita al ministro de Asuntos Exteriores turco, Mevlut Casuvoglu. “Entiendo la legítima preocupación de Turquía respecto a los kurdos sirios, pero me preocupa que la ofensiva turca pueda deshacer la victoria sobre el grupo terrorista IS”, declaró Stoltenberg.
Stoltenberg teme que decenas de miles de terroristas del IS encarcelados aprovechen el caos para escapar de las prisiones donde los kurdos sirios los mantienen detenidos.
La OTAN está en una situación complicada. Los estados miembros europeos están furiosos porque el presidente estadounidense, Donald Trump, parecía haber dado luz verde a los turcos en Siria, aunque ahora se retracta. Al mismo tiempo, Turquía es un miembro importante de la OTAN, aunque las relaciones con ese país han estado muy tensas últimamente. Por ejemplo, Turquía optó por comprar el sistema ruso de defensa aérea S-400 en lugar de un equivalente estadounidense.
Como consecuencia, Estados Unidos se niega ahora a entregar nuevos cazabombarderos F-35 a Turquía, aunque fueron ordenados. Además, el presidente Trump lanza diversas amenazas financieras y económicas contra su homólogo turco, Erdogan. Fanáticos republicanos en la política estadounidense aparentemente le han dejado claro a Trump que está entregando la influencia estadounidense en Europa y Oriente Medio a los rusos.
Mientras tanto, en el frente se ha confirmado que unidades rusas han tomado posiciones en la zona entre el ejército sirio y las tropas turcas en avance. Los turcos, apoyados por rebeldes sirios, se han dirigido contra milicias kurdas. Esto ha llevado a que las milicias kurdas prefieran ceder el territorio que ellos conquistaron a los rusos y al ejército sirio, en lugar de ser destruidas por los turcos o los kurdos pro-sirios.
Esto parece estar provocando un giro geo-político en el equilibrio de poder: ya no son los Estados Unidos la gran potencia que podría intervenir militarmente en Oriente Medio, sino que el presidente ruso Putin ha ocupado ese lugar. Los rusos ya cuentan con una base aérea propia en Siria y un puerto en el Mediterráneo que se acerca cada vez más al sureste de Turquía.
Además, la OTAN ya no se enfrenta solo a los rusos en la frontera oriental (polaca) y noreste (Báltico), sino también en el flanco sur (turco) de Europa.
Tres días después del inicio de la ofensiva turca contra los kurdos en Siria, ya se habrían desplazado unas 100,000 personas, según un informe de las Naciones Unidas. La mayoría huye en coches, autobuses, camiones o a pie desde las localidades fronterizas en combate hacia el sur. Muchos de ellos son albergados en escuelas y otros edificios.
No solo temen la violencia de la guerra, sino también posibles atrocidades por parte de los rebeldes sirios pro-turcos que avanzan con los turcos. Muchos de esos combatientes son yihadistas extremistas que en el pasado han cometido violencia contra no musulmanes y otros grupos de población.

