El Mecanismo de Ajuste en la Frontera del Carbono (CBAM) no es un impuesto o arancel de importación, sino que obliga a las empresas fuera de la UE a pagar por sus propias emisiones de CO2, tal como las empresas europeas ya deben hacer. Esta ‘corrección ambiental’ en la frontera asegura que la importación no sea más barata que los productos europeos respetuosos con el medio ambiente.
“¿Quieren las empresas extranjeras vender sus productos en nuestro mercado? Entonces deben hacerlo también bajo nuestras reglas climáticas,” dice el eurodiputado neerlandés Mohammed Chahim (PvdA), quien lideró las negociaciones en nombre del Parlamento Europeo.
El impuesto de CO2 en la frontera europea es, según su co-negociador Pascal Canfin (Fr.), una novedad mundial. “Con esta directiva el contaminador realmente va a pagar, y alentamos al resto del mundo a volverse más ecológico”.
Durante los primeros tres años, el nuevo sistema estará dirigido principalmente a algunas grandes industrias, como el acero, el aluminio y los fertilizantes. Pero alrededor de 2026, la ‘corrección ambiental’ también debería aplicarse a productos derivados, como la importación de automóviles o los granos cultivados con fertilizantes.
La nueva directiva no solo busca un terreno de juego nivelado para las empresas, sino también evitar que las compañías de la UE migren a países sin sanciones por infringir normas ambientales. Los países de la UE llevan tiempo trabajando en la elaboración de una ‘cláusula espejo’ en los tratados comerciales: las normas ambientales que la UE impone a sus propias empresas también deberán aplicarse a las empresas fuera de la UE.

