En las mesas de negociación europeas vuelven a estar sobre la mesa varios expedientes explosivos que fácilmente pueden provocar enfrentamientos entre grupos, políticos y dirigentes. Ya está claro que Clima+Medio Ambiente y Agricultura+Alimentación volverán a estar en total desacuerdo.
Tras el regreso del receso de verano, en Bruselas y Estrasburgo se discutirán, entre otros, las nuevas propuestas (de los comisarios Timmermans, Sinkevicius y Kyriakides) para “menos química y más orgánico en la agricultura”. También se acerca la nueva ley forestal, así como la revisión de la Directiva de Nitratos y el nuevo régimen para el uso de tierras.
El eurodiputado Herman Dorfmann, del grupo del PPE, afirma que en los últimos meses la orientación en el debate agrícola “ha vuelto un poco a la realidad”. Según Dorfmann, en los últimos años la cuestión de la producción y la seguridad alimentaria casi había desaparecido del debate, pero ahora —a raíz de la guerra rusa contra Ucrania— está nuevamente en la cima de la agenda, y con razón.
En los últimos meses, Dorfmann ha sido uno de los defensores de flexibilizar las disposiciones del Pacto Verde en la nueva política agrícola común. Como coordinador de Agricultura del grupo PPE, pudo negociar y dirigir estas cuestiones “entre bastidores” con su compañero de partido Norbert Lins, presidente de la comisión de Agricultura.
Juntos, Dorfmann y Lins formaron un grupo consultivo para el comisario AGRI Janusz Wojciechowski, quien está muy vinculado a una de las corrientes conservadoras polacas dentro del grupo ECR.
En una extensa entrevista con la agencia agrícola alemana Agra-Europe, Dorfmann declaró que mucho antes de que Rusia invadiera Ucrania, ya insistía en que no solo es necesaria la sostenibilidad ecológica, sino también la económica. Según él, en los últimos años se ha prestado demasiada atención al medio ambiente, la naturaleza y la sostenibilidad, y apenas se han considerado las (im)posibilidades de la agricultura y la ganadería.
El comisario de Clima, Frans Timmermans, criticó recientemente con dureza a sus oponentes políticos en la comisión de Agricultura. Les acusó de utilizar como un falso argumento los problemas en la exportación de cereales desde Ucrania para infundir miedo al público europeo sobre una posible hambruna o escasez de alimentos en otras partes del mundo y así justificar la expansión de la agricultura en la UE.

