El gobierno británico ha anunciado un plan de 'recuperación' para la industria agrícola, alimentaria y de bebidas, destinado a la recuperación en el período post-coronavirus y a la expansión en la era post-Brexit.
Este plan de 'rebote' busca que la agroindustria británica pueda aumentar sus actividades comerciales en el extranjero, enfocándose principalmente en mercados asiáticos como Japón, Nueva Zelanda y Australia.
El anuncio del plan de recuperación y expansión coincide con el estancamiento de las negociaciones británicas sobre acuerdos de libre comercio tanto con Estados Unidos como con la Unión Europea. Estados Unidos es un gran productor de alimentos y ve a Gran Bretaña principalmente como un nuevo mercado de exportación, sin estar entusiasmado con la importación de productos agrícolas, lácteos, agrícolas y cárnicos británicos.
Las negociaciones británicas con la UE están estancadas principalmente porque la Unión Europea se mantiene firme en las reglas y criterios que también se aplican en el resto de Europa y no quiere hacer excepciones (jurídicas y financieras) para los británicos. También hay un gran desacuerdo sobre los derechos pesqueros de la (UE) en (la parte británica del) Mar del Norte. Debido a esta situación, el sector agrícola británico corre el riesgo de enfrentarse a serias dificultades y perder territorios de exportación en pocos meses.
Si este año no se cierra un acuerdo comercial entre Londres y Bruselas y el Reino Unido sale de la UE sin ningún arreglo, se prevé una gran caos comercial. La falta de un acuerdo comercial entre la UE y el Reino Unido tendría graves consecuencias para el sector agroalimentario de ambas partes, según una declaración conjunta hecha pública a principios de junio por los principales interesados del sector agroalimentario de la UE.
El anuncio del primer ministro Johnson de que también buscará mercados de venta en países asiáticos para la agricultura y la ganadería se considera una respuesta al llamado de la semana pasada de decenas de organizaciones agrícolas británicas para modernizar y expandir urgentemente la agroindustria británica.
La crisis del coronavirus, según alrededor de treinta organizaciones, ha mostrado fallos sistémicos generados por una prolongada falta de apoyo a los productores de alimentos nacionales. El grupo aboga por más exportaciones, sustitución de importaciones, automatización y mejora de habilidades. Según ellos, se requieren inversiones sólidas a corto plazo en los sectores agrícolas, de procesamiento y de servicios alimentarios propios.
En una declaración publicada en línea, el gobierno británico afirma que aunque el sector "ha hecho un buen trabajo adaptándose", las exportaciones se han visto gravemente afectadas y el gobierno "se ha comprometido a apoyar a estas industrias clave para que vuelvan a ingresar a los mercados internacionales y aumenten su cuota de mercado nuevamente." El anuncio surge de la creciente preocupación por la dirección que tomará el comercio agroalimentario británico, que en 2019 alcanzó los 58 mil millones de euros, después del Brexit y por la relación futura aún incierta entre la UE y el Reino Unido.
El sector agrícola, alimentario y de bebidas es la mayor industria manufacturera en el Reino Unido y desempeña un papel crucial en la cadena de suministro alimentaria del país, la cual en 2018 aportó 121 mil millones de libras a la economía británica y apoyó aproximadamente cuatro millones de empleos. En 2019, las exportaciones británicas de alimentos, piensos y bebidas alcanzaron 23,7 mil millones de libras, un aumento del 4,9 % con respecto a 2018.

