Desde 2020, Bulgaria ha estado sumida en una inestabilidad política, principalmente debido a la corrupción y al nepotismo. Esta situación llevó a la reciente dimisión del primer ministro Boyko Borisov tras protestas masivas.
En estas elecciones, el partido GERB del primer ministro Borisov parece nuevamente un gran favorito, aunque encontrar socios estables para una coalición probablemente siga siendo difícil. Mientras tanto, crece el apoyo al partido de extrema derecha Vazrazhdane, que adopta una postura ultranacionalista y prorrusa.
El panorama político búlgaro continúa dividido por la tensión entre los sentimientos prooccidentales y prorrusos, lo que genera un electorado fragmentado. Aunque GERB y Vazrazhdane podrían formar una coalición, la influencia de factores geopolíticos externos también juega un papel.
Vazrazhdane, liderado por el empresario prorruso Kostadin Kostadinov, ha tenido éxito recientemente con la promulgación de una ley que prohíbe la promoción LGBTQ, similar a legislaciones contemporáneas rusas. Esta postura firme en temas culturales y migratorios ha aumentado el apoyo electoral a ese partido.
Los observadores electorales temen que Bulgaria pueda seguir un camino similar al de Georgia y, anteriormente, Eslovaquia, donde partidos afines a Moscú se oponen a un rumbo demasiado pro-UE.
Bulgaria es miembro de la Unión Europea desde 2007, pero la inestabilidad política y los vínculos sospechosos entre políticos corruptos y empresarios dudosos generan numerosos obstáculos para la integración europea. En las últimas elecciones, solo acudió a votar el 34 por ciento del electorado.
Esta apatía entre la población dificulta que los políticos generen confianza y lleven a cabo reformas esperadas, incluida la transición al euro. Bulgaria originalmente planeaba unirse a la eurozona el próximo año, pero este proceso se ha retrasado debido a la inestabilidad política. Además, entre los países de la UE aún existen reservas sobre permitir a Bulgaria en el espacio de libre circulación Schengen.

