Así se desprende de un cálculo realizado por el Financial Times sobre las consecuencias financieras de la incorporación de nuevos estados miembros a la UE. Sobre este tema se celebra este fin de semana en Granada, España, una cumbre informal de cuarenta primeros ministros y presidentes europeos.
Bruselas prometió a principios de este año a Ucrania que en diciembre tomaría una decisión sobre su adhesión a la UE. Otros ocho países europeos (Moldavia, Georgia y los seis países balcánicos) llevan varios años esperando su admisión porque la UE primero debía ordenar sus propios asuntos. Debido a la guerra de Rusia hacia Occidente, esto ya no puede esperar más.
Según las normas actuales de la UE, Ucrania recibirá después de su admisión durante los primeros siete años 96.500 millones de euros en el marco de la Política Agrícola Común (PAC) y otros aproximadamente 90.000 millones de euros de otros fondos de la UE, como los Fondos de Cohesión.
Estimaciones del Financial Times sugieren que por la llegada de estos nueve nuevos miembros, los actuales estados miembros Chequia, Estonia, Lituania, Eslovenia, Chipre y Malta ya no serán elegibles para dicha financiación.
La elaboración de una nueva política agrícola europea (para el período 2025 – 2027) será tarea de la nueva Comisión Europea que tomará posesión tras las elecciones de junio de 2024.
La anterior gran ampliación de la UE tuvo lugar tras la caída del Muro en 1989 y el colapso de la Unión Soviética. En 1993, la mayoría de los países de Europa del Este pudieron aspirar a la adhesión, y en 2004 diez nuevos estados miembros entraron en la UE: Polonia, Hungría, Chequia, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia y Lituania, complementados por Malta y Chipre. En 2007 siguieron Bulgaria y Rumania.

