En una conversación con una cadena australiana, Rutte dijo que un acuerdo de paz podría implicar que Rusia mantenga el control sobre parte de las provincias orientales ucranianas y Crimea. Según él, esto significaría un “cese al fuego congelado”, donde se acepta la situación sobre el terreno, pero no se reconoce formalmente.
Estas declaraciones se producen antes del momento en que los líderes europeos y el presidente ucraniano Zelensky mantendrán una videoconferencia conjunta. En ella, se discutirá, entre otras cosas, cómo formularán su postura ante Estados Unidos y Rusia.
Antes de una reunión prevista en Alaska entre el presidente estadounidense Trump y el presidente ruso Putin, los líderes europeos hicieron un llamado conjunto para que no se firmen acuerdos que asignen territorio ucraniano a Rusia. La declaración enfatiza que una paz duradera solo es posible con plena soberanía para Ucrania.
Hungría no firmó esta declaración conjunta. El primer ministro Orban, conocido dentro de la UE y la OTAN por ser pro-Rusia, se distanció de ella. Su negativa generó división dentro del bloque europeo justo antes de las conversaciones cruciales.
El llamado europeo a Trump también contenía el mensaje de que Estados Unidos debe seguir apoyando a Ucrania, tanto militar como económicamente. Se advirtió que una paz demasiado rápida sin garantías para la seguridad ucraniana solo congelaría temporalmente el conflicto.
La reunión en Alaska se considera una prueba importante para las futuras relaciones entre EE. UU., Rusia y Europa. El momento de las declaraciones de Rutte subraya que la guerra rusa en Ucrania entra en una nueva fase diplomática. Mientras la lucha continúa en el campo de batalla, en las reuniones internacionales se busca una salida política — con el riesgo de que resulte menos favorable para Ucrania de lo que se espera.

