La ministra alemana de Agricultura, Julia Klöckner (CDU), presentó en la reunión informal de ministros de la UE en Coblenza la propuesta alemana para una etiqueta de bienestar animal.
Los estados federados alemanes y los partidos de la coalición GroKo decidieron la semana pasada que la ganadería alemana debe ser reconstruida a gran escala. Se deberán construir establos y boxes más grandes para el ganado, se permitirá menos aplicación de estiércol, y el sector agrícola debe volverse más respetuoso con el medio ambiente y sostenible.
El lunes y martes, los ministros de Agricultura de la UE negociarán sobre un proyecto similar a nivel comunitario. Hasta ahora, solo Países Bajos y Dinamarca cuentan con una etiqueta nacional de bienestar animal.
La ministra neerlandesa Carola Schouten (CU) ya expresó su apoyo a la propuesta alemana para una etiqueta de bienestar animal de la UE, siempre que se pueda incluir el certificado Beter Leven, existente en los Países Bajos. En la propuesta alemana para una ley europea de bienestar animal también se incorporan las normas más estrictas para el transporte de ganado y las inspecciones sanitarias.
Los dieciséis estados federados alemanes acordaron aprobar una nueva ley sobre agricultura y ganadería antes de las elecciones al Bundestag del próximo otoño. La ministra Klöckner (CDU) presentará en primavera un estudio de viabilidad que evaluará cómo financiar un proyecto de esta envergadura.
El origen de esta iniciativa fue el resultado de la llamada comisión Borchert, presidida por un exministro de Agricultura que en febrero presentó propuestas para una transformación radical de la ganadería. Esta comisión fue establecida en parte por la canciller Angela Merkel en respuesta a dos recientes grandes victorias electorales de Los Verdes alemanes.
Para financiar la reconversión de los establos, se deben abrir nuevas fuentes de ingresos. Se discuten, entre otros, un aumento del IVA en productos de origen animal o subvenciones directas del presupuesto federal. La comisión Borchert estima que se necesitarán entre tres y cinco mil millones de euros anuales en inversiones.
Además, los consumidores deben “ser gravados proporcionalmente según su consumo de productos animales”. Concretamente, los expertos proponen impuestos de 40 céntimos por kilo de carne y embutidos, dos céntimos por kilo de leche y productos lácteos frescos, y 15 céntimos por kilo de queso, mantequilla y leche en polvo. Según cálculos del Ministerio de Agricultura, cada consumidor en Alemania pagaría en promedio 35,02 euros más al año.

