Hungría ejerce este semestre la presidencia rotatoria de la Unión Europea, con funciones principalmente organizativas y ceremoniales. Dentro de la UE, el primer ministro húngaro es considerado desde hace años un obstáculo y un elemento disruptivo. Es uno de los pocos líderes europeos que actúa como defensor del presidente ruso Putin, contra quien hay una investigación en curso en la Corte Penal Internacional (CPI) en La Haya.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, subrayó que la política de conciliación hacia Putin no funcionará y llamó a la unidad y determinación para lograr una paz justa y duradera en Ucrania.
La Comisión Europea está considerando ahora la posibilidad de posponer o revisar las visitas de los líderes de la UE a Hungría como consecuencia de las acciones solitarias de Orbán. Por ejemplo, las cumbres de la UE podrían no celebrarse en Budapest durante un tiempo.
Orbán defendió su visita argumentando que el diálogo con Rusia es necesario, pese a la guerra continua en Ucrania. Sin embargo, esta postura choca con la estrategia más amplia de la UE, que se enfoca en aislar a Rusia mediante sanciones y apoyo a Ucrania.
Josep Borrell, el jefe de la diplomacia de la UE, criticó la visita de Orbán y enfatizó que el primer ministro húngaro no habló en nombre de la UE. Borrell destacó que estos pasos unilaterales pueden debilitar la unidad de la UE y socavar los esfuerzos conjuntos para resistir la agresión rusa.
La reunión de Orbán con Putin incluyó conversaciones sobre seguridad energética y cooperación económica, temas que según Orbán son cruciales para Hungría. Sin embargo, estos estrechos vínculos con Rusia son vistos como problemáticos por otros miembros de la UE, que buscan enfatizar la solidaridad con Ucrania y el cumplimiento estricto de las sanciones contra Rusia.

