El país intenta alejarse de la influencia de Rusia, que mantiene ocupada con tropas la parte oriental del país (Transnistria).
Las encuestas muestran que la actual presidenta prooccidental Maia Sandu tiene una ventaja cómoda sobre sus diez rivales. Sin embargo, si no logra superar el umbral electoral del 50%, habrá una segunda vuelta el 3 de noviembre.
Según las encuestas, probablemente tendrá que enfrentarse entonces a Alexandr Stoianoglo, un exfiscal general apoyado por el tradicionalmente prorruso Partido de los Socialistas.
Sandu espera que el referéndum arroje un rotundo 'sí'. Ese referéndum decidirá si se introduce una cláusula en la Constitución que establezca como objetivo la adhesión a la UE.
Las encuestas indican que la mayoría apoya la adhesión. Sin embargo, cinco candidatos presidenciales han llamado a sus seguidores a votar 'no' o a boicotear. Para que el referéndum sea válido se requiere una participación mínima de un tercio de los electores. Un resultado débil para Sandu podría marcar el tono para las elecciones parlamentarias del próximo verano.
El país, con menos de 3 millones de habitantes y rodeado por Rumania y Ucrania, ha tenido desde la caída de la Unión Soviética en 1991 una política alternante entre prooccidental y prorrusa.
Las relaciones con Moscú se han deteriorado desde que Sandu llegó al poder en diciembre de 2020. Su gobierno condenó la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022.
La campaña electoral estuvo en las últimas semanas marcada por acusaciones de interferencia. La policía acusa a Ilan Shor, un magnate prófugo que vive en Rusia, de haber comprado al menos a 130.000 votantes para que votaran 'No'.
Shor, sancionado por Occidente, ofreció abiertamente pagar a los moldavos. Rusia niega interferencias en Moldavia y acusa desde hace tiempo al gobierno de «rusofobia».

