La decisión sigue a la fuerte presión de los agricultores y del sector agrícola, que argumentaban que el nuevo impuesto socavaría su posición competitiva en los mercados internacionales. La agricultura neozelandesa representa casi la mitad de las exportaciones nacionales.
Nueva Zelanda habría sido el primer país del mundo en intentar limitar el daño climático con un impuesto al CO2 por hectárea de terreno agrícola. Dinamarca también lleva varios años trabajando en algo similar y decidirá a más tardar este mes si implementa dicho impuesto.
El primer ministro neozelandés, Christopher Luxon, anunció que el sector agrícola quedará exento del Esquema de Comercio de Emisiones (ETS) para el comercio de derechos de emisión. Según datos del gobierno neozelandés, el metano liberado por ovejas, vacas y otros animales contribuye aproximadamente al 42% de las emisiones brutas.
En su lugar, se creará un nuevo grupo de trabajo que se enfocará en enfoques alternativos para reducir las emisiones. También en la Unión Europea se están desarrollando planes para incluir a grandes empresas agrícolas en el sistema ETS.
La oposición Laborista ha criticado duramente la decisión y advierte que al final será perjudicial para la reputación internacional y el futuro económico de Nueva Zelanda. Según el Labour, Nueva Zelanda corre el riesgo de perder su ventaja competitiva en mercados donde usuarios y consumidores valoran cada vez más la sostenibilidad y la producción respetuosa con el medio ambiente.
Ahora Dinamarca podría convertirse en el líder en la implementación de un impuesto al CO2 por hectárea agrícola. Los partidos gobernantes daneses están de acuerdo en que dicho impuesto debe establecerse. La consulta tripartita entre el gobierno, las empresas y la sociedad debe tomar una decisión al respecto este mes, según lo planeado hasta ahora.

