La Comisión Europea está considerando flexibilizar el uso de técnicas genéticas en la agricultura y horticultura. Los cultivos genéticamente modificados, desarrollados con técnicas como CRISPR-Cas9, ya no se clasificarían como organismos genéticamente modificados (OGM).
La propuesta filtrada cambia el enfoque de las técnicas genéticas, poniendo más énfasis en los posibles beneficios y menos en los riesgos potenciales. De este modo, estos cultivos ya no tendrían que someterse a la misma regulación estricta que los OGM tradicionales.
Según la planificación en Bruselas, los Comisarios de la UE presentarían su decisión sobre la posible ampliación del uso de esta tecnología genética en tres semanas (5 de julio), aunque esto se ha puesto en duda debido a recientes desacuerdos sobre la propuesta de restauración de la naturaleza. El comisario de Clima, Frans Timmermans, ya indicó el mes pasado que el Pacto Verde es para él un paquete único: la política agrícola común (PAC), la estrategia alimentaria de la granja a la mesa, la biodiversidad, así como las políticas medioambientales y climáticas.
Timmermans dejó claro que no puede ser que las fracciones orientadas al sector agrícola rechacen simplemente propuestas medioambientales que ellos consideran menos deseables. «Es una cosa y la otra», dijo. La fracción demócrata cristiana PPE/CDA ha interpretado esto como una forma de «chantaje».
Las reacciones al adelanto filtrado de la propuesta están divididas. Los defensores argumentan que las nuevas técnicas tienen un enorme potencial para hacer la agricultura y la horticultura más sostenibles y resilientes. Señalan la posibilidad de desarrollar cultivos resistentes a enfermedades, lo que podría aumentar los rendimientos y reducir el uso de pesticidas.
Por otro lado, los críticos expresan preocupaciones sobre posibles riesgos para la biodiversidad y la seguridad alimentaria. Grupos ecologistas advierten que los cultivos genéticamente modificados pueden representar una amenaza para la salud humana y animal debido al consumo de alimentos modificados genéticamente.
Algunas grandes empresas agroquímicas apoyan una posible flexibilización de las normas de la UE, ya que les permitiría lanzar nuevos cultivos genéticamente modificados al mercado más rápidamente. En cambio, los agricultores orgánicos más pequeños y productores de alimentos temen que esto pueda generar competencia desleal.

