¿Debe la industria alimentaria europea cambiar rápidamente al uso de pesticidas más sostenibles y respetuosos con la naturaleza? Esa pregunta quiere responderla la Comisión Europea el martes con un plan de acción. Las organizaciones agrícolas europeas ya han anunciado que protestarán por la ausencia de compensaciones.
Actualmente, la producción (agrícola) de alimentos en todo el mundo sufre las consecuencias del bloqueo del Golfo de Ormuz. Dado que el fertilizante artificial se produce quemando grandes cantidades de gas natural (barato) para fabricar urea y amoníaco, los agricultores de todo el mundo enfrentan fertilizantes cada vez más caros.
Geopolítica
En este momento, los países europeos dependen principalmente de Rusia y Marruecos. En otras partes del mundo, las consecuencias del bloqueo del Golfo Pérsico son aún mucho mayores. Con el aumento de los precios energéticos, el fertilizante también representa un costo enorme para los agricultores.
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Esto también deja en claro cómo la geopolítica impacta en la sociedad y reúne varios dilemas: los flujos de dinero hacia Rusia, un modelo empresarial dependiente de grandes cantidades de fertilizantes y nuestro uso de combustibles fósiles.
A nivel mundial
Las consecuencias del rápido aumento de los precios del fertilizante ya son visibles en todo el mundo. Los agricultores en Europa, Sudamérica y Asia intentan reducir sus costos usando menos fertilizante, cultivando otros cultivos o posponiendo inversiones. Algunos incluso consideran dejar los campos en barbecho porque los rendimientos esperados ya no compensan los costos de producción.
La crisis actual comenzó tras la escalada del conflicto entre los Estados Unidos e Irán. Debido a las tensiones en el Estrecho de Ormuz, una ruta crucial para la exportación de materias primas para fertilizantes, las corrientes comerciales internacionales se han visto gravemente perturbadas. Desde finales de febrero, los precios de la urea, un fertilizante nitrogenado importante, han aumentado en más de la mitad, según la Comisión Europea.
Más que duplicado
En países como Argentina, los precios se han duplicado en poco tiempo. Las organizaciones agrícolas europeas también dan la alarma. En Letonia, los agricultores advierten que puede que la tierra agrícola quede sin utilizar debido a los altos costos de fertilización, combustible y energía. Según los analistas, la situación es más grave que los choques anteriores durante la pandemia de coronavirus o el estallido de la guerra rusa en Ucrania.
No es una crisis
Aun así, los expertos no esperan una crisis alimentaria mundial inmediata en 2026. Muchos agricultores ya compraron sus reservas de fertilizantes para la próxima temporada con anticipación. Sin embargo, la presión sobre las explotaciones agrícolas sigue aumentando, especialmente en Europa, donde los agricultores también enfrentan facturas energéticas altas, normas medioambientales más estrictas y deudas crecientes.
Más ecológico
La crisis al mismo tiempo impulsa cambios en la agricultura. Cada vez más agricultores buscan formas de usar el fertilizante de manera más eficiente. Esto implica una fertilización más precisa, rotaciones diferentes y el uso de cultivos que requieren menos nutrientes, como la soja, la cebada o la avena. También crece el interés por tecnologías que pueden reducir el uso de fertilizantes.
Subsidio de la UE
De acuerdo a los expertos, el mercado de fertilizantes está cambiando estructuralmente. Mientras antes las empresas confiaban en entregas rápidas a nivel mundial, ahora la atención se centra en la seguridad del suministro y la capacidad de producción propia. Por ello, los países europeos intentan depender menos de importaciones desde regiones políticamente inestables. Incluso se apuesta por subsidios de la UE para mantener (¡y expandir!) la producción europea.
La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la FAO, ya advirtió que los precios mundiales de fertilizantes podrían subir entre un 15 y 20 por ciento más en la primera mitad de 2026 si la crisis continúa. Esto podría afectar la producción de cultivos básicos como el trigo, el maíz y el arroz.
Los analistas subrayan que las consecuencias podrían alcanzar más allá del sector agrícola. Los mayores costos para los agricultores podrían trasladarse a los precios de los alimentos para los consumidores. Así crece la preocupación de que los conflictos geopolíticos influyan cada vez más directamente en el suministro diario de alimentos.

