El canciller federal Friedrich Merz y el presidente Emmanuel Macron han alcanzado un consenso sobre un enfoque conjunto. Ambos países quieren reducir la obligación de disminuir las emisiones de CO2 a partir de 2035, bajándola del 100 al 90 por ciento. Esto permitiría que los fabricantes de automóviles sigan construyendo y vendiendo coches con motor de combustión incluso después de ese año.
Menos clima
Además, París y Berlín quieren que los fabricantes no tengan que compensar el 10 por ciento restante de emisiones. Esto va más allá de propuestas previas de la Comisión Europea. Alemania llevaba tiempo insistiendo en una flexibilización, mientras que Francia antes se mantenía firme con reglas climáticas más estrictas.
A cambio del apoyo francés, Alemania acepta condiciones más estrictas respecto al carácter europeo de los nuevos coches. París desea que los componentes y la producción europea tengan un mayor peso en las subvenciones gubernamentales y en las compras públicas. De este modo, ambos gobiernos vinculan las normas climáticas con su esfuerzo por proteger la industria automovilística europea.
Bajo presión
El acuerdo se alcanzó durante conversaciones en torno a la cumbre europea celebrada la semana pasada en Bruselas. Macron y Merz lograron superar sus diferencias previas. Su posición conjunta podría persuadir a otros gobiernos de la UE para que también suavicen sus anteriores ambiciones climáticas. Aunque ambos gobiernos mantienen oficialmente la reducción de emisiones, ahora abandonan la obligación original de coches nuevos totalmente libres de emisiones.
PPE
También en la Comisión Europea se trabaja en flexibilizaciones. Según informan los medios, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, y el líder del grupo del PPE, Manfred Weber, han llegado a un acuerdo al respecto. En el Parlamento Europeo, Weber ya anunció que su grupo presentará propuestas para revertir muchas leyes 'verdes' sobre medio ambiente y clima. Desde las últimas elecciones europeas, los democristianos pueden contar con el apoyo de grupos de extrema derecha para formar mayoría parlamentaria.
La nueva posición franco-alemana no implica un cambio definitivo en la legislación europea. Para ello se requieren decisiones adicionales de los países de la UE y del Parlamento Europeo. No obstante, el acuerdo aumenta la presión política sobre los eurodiputados para revisar las leyes climáticas previas.
Competencia
La presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, llamó el año pasado en su discurso anual ‘Estado de la Unión’ a la industria automotriz europea para desarrollar y fabricar conjuntamente un coche eléctrico europeo pequeño y económico. Los críticos dicen que las marcas europeas de automóviles se aferran con conservadurismo a sus modelos actuales y con ello pierden la competencia con coches eléctricos e híbridos más baratos procedentes de países asiáticos.
Más europeo
La flexibilización propuesta ahora por Francia y Alemania ofrece a los fabricantes más margen para coches de gasolina, diésel e híbridos, mientras aumenta la competencia de coches eléctricos e híbridos asiáticos más baratos. Por ello, ambos países quieren además imponer requisitos más estrictos para la concesión de subvenciones europeas para producción. Se habla de al menos un 70 por ciento de componentes europeos, excluidas las baterías.
Esto podría afectar a marcas europeas que fabrican coches fuera de la UE, por ejemplo en Turquía o Marruecos. Estos modelos podrían perder ciertos beneficios financieros. La discusión va entonces más allá de coches más limpios y abarca también dónde construye la industria automovilística europea su futuro.