Brasil está preocupado por las consecuencias de la persistente sequía en la producción nacional de alimentos. Debido a las cosechas pobres, no solo está en riesgo la exportación, sino también el suministro de alimentos dentro del país.
La menor exportación brasileña también podría afectar los precios de los alimentos a nivel mundial, dado que Brasil es uno de los mayores exportadores de alimentos del mundo.
La falta de lluvias ha provocado en Brasil una de las sequías más graves de las últimas décadas. También en el oeste de los Estados Unidos se registra una sequía extrema. En EE.UU., algunos embalses contienen solo un tercio del agua habitual.
No solo la agricultura en Estados Unidos sufre, en Brasil la sequía es aún más severa. Allí ya se habla de la 'sequía del siglo'. La temporada tradicional de lluvias ya ha finalizado y se aproxima el habitual invierno seco. Se espera que la situación solo empeore.
En algunas provincias agrícolas brasileñas no ha caído ni una gota de lluvia durante cuarenta días, lo que amenaza con el fracaso de la siembra y plantación de cultivos de invierno. El gobierno ha advertido sobre los bajos niveles de agua, que pueden afectar la producción de electricidad en las centrales hidroeléctricas, lo que podría derivar en racionamiento.
El ministro brasileño de Agricultura, Ganadería y Abastecimiento afirmó que la sequía afecta principalmente a los productores de alimentos que dependen de la irrigación, pero reconoció que las malas condiciones climáticas también afectan a los agricultores que dependen de la lluvia.
Según las previsiones, la sequía reducirá la cosecha brasileña de cereales en al menos 10 millones de toneladas hasta finales del próximo año. El cultivo más afectado será el maíz, cuya producción estimada fue reducida de 80 millones a 70 millones de toneladas. Para las próximas dos cosechas se pronostica que Brasil recolectará 96,4 millones de toneladas de maíz, una reducción del 6% en comparación con el año anterior.

