Las negociaciones forman parte de un intento mundial para frenar la creciente contaminación por plástico. Este año se espera alcanzar un acuerdo vinculante.
Un tema clave de discusión es establecer un límite máximo para el plástico nuevo y un mínimo para los envases reciclados. Varios países abogan por regulaciones estrictas, mientras que otras delegaciones prefieren intentar primero acuerdos voluntarios.
Uno de los grandes obstáculos es la relación de precios entre el plástico nuevo y el reciclado. En muchos países es financieramente más atractivo producir plástico nuevo que recolectar, limpiar y reprocesar el plástico usado. Esta brecha económica provoca que las inversiones en empresas de reciclaje se atrasen o incluso se detengan.
Además, la reutilización del plástico no depende únicamente del reciclaje. Cada vez más se está considerando el uso de plásticos biodegradables para envases.
Mientras tanto, el daño ambiental causado por la contaminación plástica sigue aumentando mundialmente. El plástico contamina playas, se acumula en ríos y océanos, y se encuentra en animales. También los microplásticos, partículas diminutas que se generan por desgaste y descomposición, se dispersan por el aire, el agua y las cadenas alimentarias, con consecuencias desconocidas para los humanos y la naturaleza.
Los costos anuales de recolectar, clasificar y procesar los envases plásticos alcanzan miles de millones en todo el mundo. Municipios, gestores de residuos y productores se quejan de los altos costos, que rara vez se recuperan por completo. Por ello, muchas plantas de reciclaje operan con pérdidas, lo que conduce a cierres o al aplazamiento de nuevas inversiones.
Una posible solución que se plantea en Europa es la introducción de un impuesto a la producción de plástico nuevo. Esto no solo debería reducir el consumo, sino también mejorar la competencia del plástico reciclado no gravado. La medida está siendo estudiada actualmente, pero aún no se ha implementado definitivamente.
A pesar de las diferencias en visión entre países, existe un amplio reconocimiento de que es urgente abordar la crisis del plástico. Las delegaciones coinciden en que el uso actual del plástico es insostenible, tanto económica como ecológicamente. La cuestión es si la conferencia podrá generar la voluntad política y la unidad suficientes para llegar a acuerdos concretos y ejecutables.

