La crisis comenzó cuando el gobierno presentó su propuesta presupuestaria. En el centro está un paquete de fuertes recortes que deben ajustar considerablemente el rumbo financiero de Francia. El parlamento se ha negado hasta ahora a aprobar estos planes. Esto pone en peligro no solo el presupuesto, sino también la continuidad del propio gobierno.
Bayrou decidió tomar la iniciativa solicitando una moción de confianza. Según él, esto es necesario para aclarar la situación. Es un gran riesgo: si pierde, su gabinete no podrá continuar en el poder. Para Macron y su coalición, este momento será determinante para saber si su agenda política se mantiene.
El presidente Macron instaló el año pasado la coalición de centro-derecha de Bayrou sin pedir previamente una moción de confianza en el parlamento. Esa decisión generó fuertes críticas. Los opositores consideran que así el gobierno carece de legitimidad. La votación actual se ve como una corrección del debate que se perdió entonces.
La oposición de izquierda juega un papel clave, pero está profundamente dividida. Algunos partidos exigen elecciones anticipadas, mientras que otros temen que una crisis política beneficie a la oposición nacionalista de derecha. Debido a esta división, no logran presentar una alternativa conjunta frente a Bayrou y Macron.
Las encuestas recientes muestran que una mayoría de franceses desea la disolución del parlamento y la convocatoria de nuevas elecciones. Gran parte de la población ha perdido la confianza en las actuales relaciones de poder. Por ello, la moción no solo será una prueba política en el parlamento, sino también un indicador del descontento social.
Mientras tanto, la popularidad de Macron ha caído considerablemente. Su énfasis en los recortes es visto por muchos votantes como unilateral e injusto. Al mismo tiempo, apenas consigue apoyo fuera de su propio respaldo. Esta combinación de impopularidad e impasse política aumenta la probabilidad de que la moción de confianza termine en derrota.
En vísperas del lunes, la tensión en París es palpable. El parlamento parece no estar dispuesto a hacer concesiones, mientras Bayrou se niega a suavizar sus planes. La moción de confianza es así más que un trámite formal: es un choque de visiones políticas que puede determinar la dirección de Francia.
Si el gobierno pierde la votación, se avecina un periodo de gran incertidumbre. Una salida de Bayrou abriría la puerta a nuevas elecciones o a una reestructuración de la coalición. Para Macron esto es riesgoso: sin una mayoría estable, su influencia podría debilitarse aún más. Los próximos días serán decisivos.

