España ha comenzado a sacrificar cerca de 900 bovinos que han permanecido más de dos meses a bordo de un buque de transporte de ganado. En el puerto de Escombreras se ha instalado junto al barco una gran carpa para eutanasiar a los animales y depositar los cadáveres en contenedores.
No hay certeza de que las vacas estén realmente infectadas con lengua azul, una enfermedad viral no contagiosa que afecta a los rumiantes.
El viernes, un tribunal en Madrid rechazó un recurso presentado por organizaciones animalistas contra la decisión de sacrificar a los animales. Las autoridades indican que los propietarios del buque no respondieron a tiempo a una orden ministerial para retirar a los animales. El mismo destino amenaza a más de mil cien vacas españolas que aún permanecen a bordo de otro barco de transporte en el Mediterráneo.
El ganado fue embarcado en diciembre en Cartagena, inicialmente con destino a Turquía. Sin embargo, ambos barcos no pudieron atracar porque tanto Turquía como Libia se negaron a permitir que el ganado desembarcara, ante rumores de infección por lengua azul.
Otras fuentes indican que el ganado no fue admitido por falta de documentos que acreditaran la exención de lengua azul, pero España sostiene que la exportación se realizó con los permisos sanitarios correctos.
El primer barco regresó el 25 de febrero al puerto de Cartagena, donde el ganado permaneció a bordo. Los veterinarios determinaron que los animales no estaban aptos para un nuevo traslado a otro país y además dejó de estar claro quién era responsable de la carga.
“No puedo explicarlo”, dijo el capitán de barco sirio Nabil Mohamad a los medios españoles. “Llevo 25 años haciendo esto y nunca me había pasado algo así”, afirmó. La pesadilla comenzó cuando llegaron al puerto de Iskenderun y las autoridades turcas rechazaron la mercancía porque la documentación no demostraba que las vacas estuvieran libres de lengua azul.
El Ministerio de Agricultura español asegura que “el transporte contaba al momento de la salida con la certificación de las autoridades veterinarias españolas, que garantizan la buena salud de los animales”.
No obstante, según el propietario del barco, hubo un “desastre” con los certificados sanitarios. Los certificados mostraban que los animales provenían de la provincia de Aragón, donde el año pasado se registró un caso de lengua azul.

