El presupuesto para agricultura del ministerio Defra finalmente es un poco más alto de lo esperado. Las asociaciones agrícolas consideran esto una pequeña buena noticia. Sin embargo, hay críticas contundentes respecto a la forma en que se redistribuye el presupuesto, especialmente por la eliminación de parte del fondo para la agricultura amigable con la naturaleza,
El apoyo a los métodos de producción respetuosos con el medio ambiente se limita porque, según Labour, tales prácticas pronto serán consideradas ‘la norma’. El gobierno cree que el sector ya no necesita una compensación específica por ello. Sin embargo, esto genera incertidumbre sobre la continuidad de las inversiones verdes.
Al mismo tiempo, los agricultores británicos enfrentan una ampliación de las normas fiscales vigentes. Según diferentes análisis, se eliminan algunos beneficios para el sector agrícola, lo que significa que reglas fiscales sobre maquinaria y ganancias empresariales también se aplicarán a los agricultores. Esto genera resistencia entre muchos empresarios agrícolas.
Una de las medidas más controvertidas es la introducción de un impuesto sucesorio sobre las explotaciones agrícolas. Algunos agricultores temen que sus hijos ya no puedan hacerse cargo de la empresa familiar. El Partido Laborista defiende el plan como necesario para restaurar la justicia fiscal, pero los opositores lo califican de ‘traición rural’.
Organizaciones agrícolas como la NFU y representantes de grupos ecologistas expresan su preocupación por este cambio de rumbo. Según Agriland, temen que la reducción de las medidas de apoyo retrase la transición hacia una agricultura sostenible. También señalan el riesgo de la pérdida de inversiones en biodiversidad y calidad del suelo.
Sky News y The Guardian califican el recorte en el esquema de agricultura amigable con la naturaleza como ‘catastrófico’ para el paisaje y para los agricultores que dependen de ese tipo de apoyo. Algunas ONG verdes incluso advierten sobre la pérdida de los avances ambientales alcanzados en los últimos años.
Según varios comentaristas, la revisión del presupuesto se presenta como una modernización necesaria de la política agrícola. El gobierno quiere que la agricultura y la industria alimentaria dependan menos de subsidios públicos y que los empresarios asuman más responsabilidad. Sin embargo, esta visión no es compartida por gran parte del sector agrícola. La inquietud es palpable en todas las regiones británicas, según representantes de organizaciones de agricultores.

