La votación sobre el impuesto de transferencia de tierras agrícolas causó una división sin precedentes dentro del partido de la primera ministra Kier Starmer. Mientras decenas de parlamentarios del Labour se abstuvieron de votar, Markus Campbell-Savours optó por votar en contra de los planes.
Él declaró que de lo contrario rompería su palabra con los votantes y no podría enfrentar a su comunidad con honestidad. Según él, los planes de impuestos afectan precisamente a los agricultores por los que dice defender.
La tensión aumentó aún más porque las organizaciones agrícolas llevan tiempo advirtiendo que los planes pueden afectar gravemente a las empresas familiares. Estas preocupaciones coincidían plenamente con el argumento de Campbell-Savours de que especialmente los agricultores mayores sin una buena regulación de transferencia podrían tener problemas.
Dentro del Labour se percibió la misma duda. Decenas de parlamentarios decidieron no votar, un número notablemente alto para un plan presupuestario. Varios representantes del Labour indicaron que su partido corre el riesgo de perder la confianza de los agricultores.
El propio Campbell-Savours, tras su suspensión, habló de una decisión dolorosa, pero dijo que se mantiene firme en su convicción de que debía cumplir su promesa a los votantes. Según los involucrados, el alto nivel del conflicto se debe a que los planes fiscales afectan directamente el futuro de las empresas familiares. Los agricultores temen que un impuesto demasiado alto en la transferencia haga que las empresas ya no puedan permanecer en la familia.
A pesar del conflicto dentro del grupo parlamentario, el gobierno del Labour mantiene su respaldo a la decisión. El impuesto debe contribuir a una distribución justa de la carga fiscal. Los opositores sostienen que, precisamente, las empresas familiares agrícolas se verán presionadas con esta medida.
La suspensión de Campbell-Savours deja claro que el debate interno dentro del partido Labour aún no ha terminado.

