El servicio de inspección ambiental EPA en los Estados Unidos ha concluido en un informe provisional sobre tres tipos de neonicotinoides que esos recubrimientos "probablemente afectan negativamente" los hábitats de miles de especies de plantas y animales en peligro. Una prohibición inminente podría tener grandes consecuencias para la agricultura estadounidense.
Se trata de los herbicidas midacloprid, clothianidin y thiamethoxam que se usan ampliamente en el cultivo de soja, remolacha azucarera, maíz, trigo y semilla de algodón. Los neonicotinoides se utilizan en cientos de millones de hectáreas de tierras agrícolas en Estados Unidos.
La EPA se negó durante mucho tiempo a evaluar la autorización de productos químicos conforme a los tratados internacionales para la protección de especies en peligro ('lista roja'), pero recientemente fue obligada a hacerlo por procesos legales.
Todos los pesticidas en Estados Unidos deben someterse a estos análisis, pero la EPA apenas ha comenzado con ello. En enero de 2020 la EPA concedió permisos de registro provisionales para los tres neonicotinoides, aunque esos procesos solo se terminaron tras posibles medidas de seguridad complementarias. Recientemente, la agencia estadounidense publicó su evaluación sobre el glifosato, y ahora espera también normas de uso adicionales.
En la Unión Europea, el uso de estos tres neonicotinoides está sujeto a normas más estrictas desde 2018, y se avecina una prohibición total del glifosato. Los países de la UE tienen el derecho de prohibir o autorizar el uso de los productos fitosanitarios, siempre que sigan los procedimientos existentes de la UE.
Recientemente, también Francia ha concedido exenciones limitadas y temporales para el uso de neonicotinoides. Actualmente, dieciséis países de la UE han utilizado una puerta trasera para eludir la prohibición.
La Cámara de Representantes considera que el gobierno neerlandés debe dialogar con el sector agrícola para encontrar una alternativa viable al uso de neonicotinoides. Los productores de remolacha en Países Bajos usan actualmente otros productos para proteger sus remolachas, pero estos a veces también tienen un mayor impacto ambiental.

