En la cúpula del Parlamento Europeo ha estallado una lucha de poder sobre la presidencia del Parlamento. Por el momento, no está claro si el actual presidente, el socialdemócrata italiano David Sassoli, se niega a renunciar, o si el líder de la fracción demócrata cristiana alemana, Manfred Weber, opta por no sucederlo de manera interina.
En las elecciones para los puestos clave de la Unión Europea en 2019, entre las grandes fracciones políticas se acordó que los socialdemócratas del S&D proporcionarían un presidente durante la primera mitad del período de cinco años y los demócratas cristianos del PPE durante la segunda mitad.
En ese caso, Sassoli cumpliría la primera mitad, y todos daban por hecho que Weber lo sustituiría interinamente. Ese cambio debería concretarse este otoño (noviembre).
En la reunión del liderazgo europeo del PPE, celebrada el miércoles y jueves en Berlín, Weber anunció que quiere continuar dirigiendo la política demócrata cristiana (de partido) en Europa. Por eso, según sus propias palabras, no solo quiere seguir siendo líder de la fracción en el Parlamento Europeo en Estrasburgo, sino también convertirse en presidente del consejo directivo del partido pan-Europeo del PPE. En ese cargo pretende suceder al proeuropeo polaco Donald Tusk, quien el próximo año participará en las elecciones parlamentarias de Polonia.
La renuncia de Weber abre dentro de la fracción del PPE la carrera por un candidato alternativo. Los demócratas cristianos ahora deben considerar otras opciones, y ya se mencionan nombres como el español Esteban González Pons, la neerlandesa Esther de Lange o la maltés Roberta Metsola. Muchos eurodiputados desean ver a una política mujer como presidenta del Parlamento Europeo.
Otras fracciones del Parlamento Europeo han reaccionado indignadas ante el anuncio de que el PPE ha iniciado el procedimiento para elegir a un nuevo presidente del Parlamento Europeo. Algunos eurodiputados acusan al PPE de “ambición de poder” por reclamar más o menos ese puesto, aunque también necesitan votos de otros políticos para conseguirlo.
Además, se considera un desaire a los socialdemócratas el hecho de no esperar ordenadamente a que Sassoli anuncie que efectivamente –como había sido acordado previamente– renunciará interinamente. Entre los socialdemócratas también se insinúa la posibilidad de que Weber quiera mantener las manos libres para un posible cargo ministerial en Alemania.
En las encuestas para las elecciones al Bundestag, a celebrarse a finales de este mes, la CDU/CSU alemana no presenta buenos resultados y no está claro si este partido tradicional de gobierno podrá formar parte de un nuevo gobierno de coalición. Dada la división entre los votantes alemanes, será necesaria una coalición de tres partidos para obtener mayoría en el Bundestag, y cinco partidos son candidatos numéricamente factibles para ello.

