La reforma del marco financiero plurianual (MFP) debe liberar cientos de miles de millones de euros para nuevas prioridades. Los gastos en Defensa reciben un peso considerablemente mayor. También el fortalecimiento de la industria europea y la competitividad forman parte de los objetivos principales. El Parlamento acepta que esto se haga a costa de programas existentes, aunque ese cambio genera preocupaciones.
Un elemento importante de la reforma es la agrupación de varios fondos. Esto debe permitir trabajar de forma más eficiente y responder más rápidamente a nuevos desafíos. Los críticos señalan que este enfoque afecta la claridad y la certeza de que los recursos mantengan su propósito original.
Además, se incrementa la participación nacional en las decisiones sobre el gasto. Los países de la UE tendrán más control sobre el uso de las subvenciones de la UE dentro de los fondos agrupados. Los defensores lo califican como una manera práctica de reconocer las condiciones locales. Los detractores temen que así se debilite la coherencia de la política europea.
Para la política de cohesión, la reforma implica un cambio de énfasis. Tradicionalmente, este fondo se utilizaba para fortalecer las regiones desfavorecidas. Ahora se emplea de forma más amplia, también para Defensa y seguridad económica. Se teme que esto relegue el objetivo original de solidaridad entre regiones.
Los representantes regionales expresaron críticas duras. Advirtieron que la reforma equivale a un vaciamiento de la cohesión y a un retorno a la lógica nacional. Según algunos, el nuevo enfoque podría aumentar la brecha entre áreas prósperas y rezagadas en lugar de reducirla.
Antes de la decisión hubo tensiones sobre iniciativas ciudadanas relacionadas con la autonomía regional. Una propuesta para dar mayor reconocimiento a las regiones nacionales no fue aceptada por la Comisión.
El sector verde también reaccionó con críticas. El sector de la energía eólica teme quedar relegado, porque la reforma no contempla un fondo específico para energías renovables. Se advirtió que existe el riesgo de que Defensa e industria reciban prioridad a costa de los objetivos climáticos y energéticos.
A pesar de estas disputas, una amplia mayoría del Parlamento votó a favor. Esto da a la Comisión margen para reescribir el presupuesto a largo plazo. La señal política es que la UE se adapta a tiempos cambiantes, donde Defensa, industria y espacio político nacional predominan, incluso si ello conlleva pérdida de la coherencia europea tradicional.

