La Comisión de Comercio Internacional ha decidido reanudar el trabajo en el acuerdo comercial congelado con Estados Unidos. Se trata de una votación sobre una parte del acuerdo comercial, concretamente sobre las propuestas para eliminar los aranceles a la importación de productos industriales estadounidenses y de langosta.
Con ello, posiblemente finalice una suspensión temporal después de que el presidente Trump amenazara con subir los aranceles por las protestas europeas contra sus amenazas respecto a Groenlandia.
Diferentes grupos del Parlamento Europeo consideran que Bruselas debe corresponder a los estadounidenses en igualdad de condiciones, pero otros quieren evitar un conflicto comercial escalonado. Aunque una mayoría apoyó la reanudación de los trabajos, persisten desacuerdos fundamentales sobre las condiciones para aprobar el acuerdo.
La cuestión central es hasta qué punto el Parlamento debe incluir garantías políticas. Varios grupos solo apoyarán el acuerdo si se establecen claramente posibilidades de suspensión en la legislación de ejecución. Además, esto implicaría que la presidenta de la Comisión, Von der Leyen, tenga que "volver" a negociar con Trump.
Según sus defensores, estas cláusulas de suspensión podrían aplicarse si Estados Unidos no respeta la integridad territorial o los intereses esenciales de seguridad de la Unión Europea o los países miembros.
Otros grupos, particularmente dentro de la mayor formación política, el PPE, advierten que condiciones adicionales podrían socavar el acuerdo. Abogan por una rápida aprobación y afirman que más retrasos dañan la credibilidad de la UE.
Los socialdemócratas del S&D, la segunda fuerza en el Parlamento, votan en contra del acuerdo mientras Trump socave la soberanía europea. Exigen que en el acuerdo se incluya una cláusula de suspensión que permita retirar el acuerdo si EE.UU. vuelve a amenazar a Europa.
A pesar de las diferencias, se ha acordado continuar con el proceso legislativo. La comisión de comercio sigue trabajando en dos proyectos de ley que implementan los acuerdos arancelarios del llamado acuerdo de Turnberry.
Se espera una votación en la Comisión de Comercio el 24 de febrero. Después, el expediente podrá ser trasladado a la sesión plenaria, donde todo el Parlamento Europeo deberá pronunciarse al respecto.
Hasta entonces, sigue siendo incierto si se podrá salvar la brecha política. Está claro que el resultado no solo tiene importancia económica, sino que también se considera una prueba para la unidad europea y la cohesión política.

