También en Europa se están elaborando nuevas normas para pequeños paquetes.
La medida en EE. UU. sigue a la revocación de la excepción que durante años permitió que pequeños paquetes ingresaran al país sin impuestos de importación. Esto permitía a los consumidores estadounidenses hacer pedidos baratos en tiendas en línea extranjeras.
En la práctica, la nueva regulación implica que los pequeños envíos se tratan de ahora en adelante de la misma forma que las importaciones de mayor volumen. Esto incluye los envíos 'individuales'. Tanto los servicios de paquetería comerciales como las empresas postales deberán ahora pagar aranceles e impuestos administrativos al ingresar a EE. UU. Esto genera retrasos, precios más altos e incertidumbre sobre la entrega final.
Como consecuencia, decenas de países ya no aceptan paquetes con EE. UU. como destino final. Las empresas postales no quieren cargar a sus clientes con tarifas poco claras ni con el riesgo de que los paquetes queden retenidos en EE. UU.
El Servicio Postal estadounidense justifica las nuevas tarifas argumentando que durante años los envíos desde el extranjero no contribuían a los impuestos basados en peso ni a los costos administrativos que sí aplican para los envíos internos y las empresas de venta por catálogo.
En la Unión Europea también hay planes para imponer un impuesto a la entrada de pequeños paquetes. Bruselas considera un recargo uniforme de dos euros sobre todos los paquetes importados, independientemente de su peso o valor. Con ello la UE busca simplificar la administración y a la vez evitar la masiva compra de artículos baratos fuera de la Unión.
Además, Bruselas quiere con esta medida que más productos importados de países no miembros de la UE sean controlados por la Aduana para comprobar que cumplen con todos los requisitos europeos. Esto es especialmente importante en términos de materias primas usadas, medio ambiente y seguridad. Actualmente, esto casi no ocurre.
La diferencia entre la medida estadounidense y los planes europeos es clara. En EE. UU. se trata de un impuesto de importación que se añade al valor y peso del paquete y varía mucho según el paquete y método de envío. Por el contrario, la Unión Europea opta por un impuesto fijo de dos euros por paquete, lo que hace que los costos extras sean previsibles y limitados.
La nueva política está causando tensiones internacionales. Los países exportadores temen que sus productos tengan más difícil acceso a los mercados estadounidense y europeo. Para consumidores individuales, esto podría significar que comprar productos por internet sea cada vez menos atractivo.

