En 2023 se utilizaron un total de 8,8 millones de toneladas de fertilizantes minerales, de las cuales 4,7 millones de toneladas fueron nitrógeno, 1,1 millones de toneladas fósforo y 3 millones de toneladas potasio.
El uso de fertilizantes minerales en la UE lleva años decreciendo, mientras que apenas se autorizan nuevos productos químicos para el control de plagas. La agricultura y la horticultura demandan una aprobación más rápida de nuevos productos.
Hace más de dos años, la Comisión Europea (anterior) propuso, como parte de la nueva política alimentaria "de la granja a la mesa", un plan para reducir a la mitad el uso de fertilizantes en la agricultura y horticultura, pero dicha propuesta, conocida como SUR, fue finalmente descartada debido a la gran división en el Parlamento Europeo.
La disminución constante del uso de fertilizantes es visible en casi todos los países de la UE. Italia, Francia, Alemania y España están entre los mayores consumidores, pero también allí se observa una reducción. Solo en algunos países más pequeños el uso ha aumentado ligeramente.
Al mismo tiempo, las organizaciones agrarias advierten sobre un bloqueo en el ámbito de la protección de cultivos. Copa-Cogeca y otras entidades señalan que el número de principios activos aprobados en pesticidas ha caído drásticamente en los últimos años. Desde 2001, el número de sustancias disponibles ha bajado de 900 a 422.
Por sexto año consecutivo, en 2023 no se autorizaron nuevas sustancias químicas activas para uso agrícola. El sector agrícola habla de estancamiento en la política de autorizaciones. Señalan que no existen alternativas completas a los productos que han sido prohibidos o eliminados progresivamente.
Las organizaciones sectoriales muestran preocupación por la burocracia europea. El proceso de aprobación para nuevos productos es lento. Argumentan que hay insuficiente presupuesto y personal disponible para un desarrollo ágil de los procedimientos de autorización.
Varios países de la UE presionan a Bruselas para que no se prohíban productos sin que las agencias de evaluación aprueben antes uno nuevo como sustituto. Según múltiples fuentes, la pérdida de 85 sustancias activas desde 2019 es especialmente preocupante porque no hay alternativas convencionales nuevas que la reemplacen.
La agricultura y los hortelanos advierten que sin suficientes productos de protección la seguridad alimentaria está en peligro. La producción de frutas y hortalizas ya nota los efectos. Según ellos, la continuidad de ciertos cultivos está en juego si no se actúa con rapidez.

