La estrategia de biodiversidad de la UE fue lanzada en 2020 como un plan de diez años para detener el deterioro de la naturaleza, los ecosistemas y las especies animales. A mitad de camino, se evidencia que solo la mitad de las más de 170 recomendaciones del plan han sido realmente implementadas. Solo una pequeña parte de los objetivos de protección muestra mejora, y la mayoría de las tendencias siguen siendo negativas.
De los más de 40 indicadores de medición establecidos para el progreso, una parte significativa está insuficientemente desarrollada o incluso ausente. Esto dificulta determinar dónde ocurren mejoras y dónde se necesita una intervención. En particular, la falta de datos sobre la calidad de los biotopos obstaculiza acciones enfocadas, según afirma la oficina europea de estudios.
El análisis muestra que las actividades agrícolas son uno de los factores de presión más grandes para la naturaleza y la biodiversidad. El uso intensivo de la tierra agrícola y la pérdida de praderas contribuyen fuertemente al deterioro de especies y ecosistemas. Esta influencia negativa es calificada por múltiples fuentes como estructural y difícil de revertir.
Aunque algunos países de la UE han logrado avances con la configuración de áreas protegidas y proyectos de restauración, estos son insuficientes para cambiar la tendencia. Solo un número limitado de países aplica políticas activas para alcanzar los objetivos acordados.
La legislación existente de protección de la naturaleza de la UE, como la Directiva de Aves y la Directiva de Hábitats, no se aplica ni se hace cumplir completamente según la evaluación. La falta de coordinación entre los estados miembros, la ejecución fragmentada y la financiación insuficiente se citan como causas del lento progreso.
Un problema importante es que muchas de las estrategias suenan bien en papel, pero en la práctica apenas conducen a acciones concretas. La implementación se retrasa por resistencia política, intereses económicos y una supervisión deficiente, se indica.
La Comisión Europea hace un llamado a intensificar los esfuerzos durante los próximos cinco años. Se insiste en acelerar la introducción de instrumentos de medición faltantes, proteger mejor los hábitats naturales y aumentar la participación de ciudadanos y gobiernos locales.
Sin un esfuerzo adicional, la mayoría de los objetivos de la estrategia de biodiversidad para 2030 no se cumplirán. La tendencia actual apunta a un continuo deterioro de la naturaleza y la riqueza de especies en casi todos los estados miembros de la UE, con grandes riesgos para los ecosistemas, la agricultura y la salud pública, concluye el estudio del JRC.

