La reunión estuvo marcada por una fuerte oposición de países que dependen en gran medida de los ingresos por exportación de petróleo. Estos lograron evitar que se establecieran compromisos claros para reducir el uso de combustibles fósiles. Como resultado, una parte esencial de las negociaciones quedó fuera, lo que fue considerado por varias delegaciones como un serio revés.
Aun así, hubo avances en el ámbito del apoyo financiero para objetivos medioambientales y climáticos. La conferencia produjo nuevas promesas para ayudar a los países a protegerse mejor contra eventos climáticos extremos y para reservar más fondos para proyectos que fortalezcan la naturaleza, los bosques y los derechos de la tierra.
Varias delegaciones hablaron de un progreso necesario, aunque destacaron que estos avances están lejos de ser suficientes para los desafíos que se avecinan.
El resultado mixto generó un sentimiento de «poco, pero algo». Algunos participantes vieron el resultado como una base mínima para continuar trabajando, mientras otros se quejaron de que la necesidad de actuar es mucho mayor que lo acordado hasta ahora.
Esto dejó una sensación clara de que la conferencia no supo aprovechar el impulso que muchos esperaban.
Lo llamativo fue que todo esto ocurrió en el corazón del Amazonas, una región que a nivel mundial simboliza la lucha contra la deforestación y la pérdida de la naturaleza. Aunque el tema estuvo presente con énfasis, no hubo un gran avance. Se discutieron planes para una mayor protección de los bosques y las comunidades locales, pero carecieron de claridad y fuerza.
La decepción por el resultado final fue aún más marcada. Justo en un lugar donde las consecuencias del cambio climático son tan visibles, había una gran esperanza de un cambio de rumbo claro. Que este no se produjera alimentó la crítica de que la conferencia logró avances, pero no el progreso que el mundo espera.
Al mismo tiempo, algunos delegados señalaron que la cooperación entre países aún es posible, incluso en una época en que aumentan las tensiones geopolíticas. Esto le dio a la reunión cierto valor simbólico: la prueba de que los acuerdos internacionales no tienen por qué quedar paralizados, aunque los pasos sean más pequeños de lo que muchos deseaban.

