En España, Portugal, Francia, Grecia y otros países arden grandes focos de incendio que apenas están bajo control. Las altas temperaturas y los vientos fuertes hacen prácticamente imposible la extinción de los fuegos. Grandes extensiones de áreas naturales han sido completamente destruidas y las columnas de humo se extienden mucho más allá de las regiones afectadas. Los servicios de emergencia trabajan horas extra y en algunos casos reciben apoyo del extranjero.
El número de muertos sigue aumentando. Varios países reportan víctimas tanto entre residentes como entre socorristas. Además, hay cientos de heridos, a menudo por inhalación de humo o durante intentos de salvar propiedades. Miles de personas han sido evacuadas de pueblos y zonas turísticas. Los daños materiales ascienden a cientos de millones de euros, aunque aún no hay una estimación completa.
La sequía que alimenta estos incendios también tiene efectos profundos en el suministro de agua potable. En grandes partes de Francia, España e Italia se han impuesto prohibiciones de riego y aspersión. Los agricultores sufren pérdidas de cosechas, los pastizales se secan y el ganado padece la falta de agua. En algunas regiones, los embalses están tan vacíos que también se imponen restricciones a los hogares.
Varios países han pedido a la Unión Europea que libere fondos financieros adicionales. Se propone un fondo especial de daños con el que las regiones afectadas puedan ser apoyadas directamente. Además, solicitan más coordinación para el despliegue de aviones de extinción y personal especializado del extranjero, dado que los recursos nacionales a menudo resultan insuficientes.
Al mismo tiempo, algunos agricultores reciben ayuda de emergencia limitada. Se han anunciado paquetes de apoyo para compensar en parte las pérdidas por cultivos quemados y establos destruidos. Sin embargo, las organizaciones agrícolas destacan que esta ayuda solo cubre una pequeña fracción de los daños sufridos y que la sequía prolongada representa una amenaza estructural para la producción alimentaria.
La situación empeora aún más debido a que las previsiones meteorológicas muestran pocas mejoras. Los servicios meteorológicos pronostican que la sequía y las olas de calor continuarán en muchas zonas durante las próximas semanas. Las precipitaciones siguen siendo escasas y con frecuencia tan localizadas que la presión sobre la agricultura y la naturaleza apenas disminuye.
Expertos advierten que la actual temporada podría ser un indicio de lo que Europa enfrentará con mayor frecuencia en el futuro. La combinación de temperaturas más altas, períodos prolongados sin lluvia y áreas densamente pobladas hace que el continente sea especialmente vulnerable. Por ello, el llamado a una acción europea conjunta, tanto en ayuda de emergencia como en prevención, se escucha cada vez más fuerte.

