Según la Comisión Europea, el texto revisado contiene garantías adicionales contra alteraciones repentinas del mercado. Los agricultores y productores de alimentos europeos podrían contar con apoyo financiero y cláusulas de salvaguardia si los precios o ingresos se desploman debido a importaciones más baratas desde Sudamérica. Con esto, Bruselas busca responder a las preocupaciones sobre la competencia y la seguridad alimentaria.
Francia juega un papel destacado en la fase final de las negociaciones. El presidente Emmanuel Macron declaró en Brasil que se muestra “más bien positivo” respecto al tratado, que según él ha sido suficientemente mejorado para poder firmarse.
No todos en París comparten ese optimismo. La ministra de Agricultura, Annie Genevard, afirmó que las garantías actuales aún “no son suficientes” y que Francia ha establecido límites claros. La mayor organización agrícola FNSEA fue aún más lejos y calificó el acuerdo de “traición” a la agricultura francesa, pues según ellos el pacto abre la puerta a una competencia desleal.
En Italia, se adopta un tono más cauteloso. Roma ya no se opone al acuerdo comercial, pero exige garantías firmes para los agricultores y normativas ambientales recíprocas. Actualmente existe un fondo de miles de millones de euros para compensar a los agricultores europeos en caso de grandes caídas de precios. Sin embargo, las organizaciones agrícolas siguen siendo escépticas y temen la competencia de productos sudamericanos más baratos.
En los últimos meses, políticos europeos han señalado que las relaciones comerciales internacionales han cambiado drásticamente. No solo se menciona la guerra de Rusia contra Ucrania, sino también los aranceles de importación extremadamente altos que el expresidente estadounidense Trump imponía a nivel mundial.
Según muchos líderes europeos, los países de la UE deben diversificar sus intereses alimentarios y comerciales entre varios proveedores y países, y ser menos dependientes de competidores económicos como Estados Unidos o China. Por ello, Bruselas está trabajando también en acuerdos comerciales adicionales con países asiáticos y africanos.
La Comisión Europea señala que el nuevo tratado comercial con Sudamérica no solo presenta riesgos (para el sector agrícola) sino también oportunidades (para la industria). Los exportadores europeos de automóviles, vino y maquinaria obtendrán acceso a nuevos mercados, mientras que la importación de carne, azúcar y cereales desde Sudamérica estará sujeta a cupos y controles.

