Impulsados por la necesidad económica, los agricultores optan por un cultivo que, aunque rentable, es ilegal y riesgoso. Las consecuencias son profundas, abarcando desde un aumento de la delincuencia y la violencia hasta problemas con la seguridad alimentaria y la implicación criminal internacional.
Especialmente en el norte de Albania, donde tradicionalmente se cultivaban verduras y frutas, los campos ahora están llenos de plantas de cannabis. Este cambio es impulsado por la alta rentabilidad del cannabis en comparación con los cultivos agrícolas tradicionales. El cannabis ofrece un rendimiento mucho mayor por hectárea.
El cambio hacia el cultivo de cannabis ha generado diversas reacciones en la sociedad y la política albanesas. Ya hay políticos que afirman que los agricultores estarían locos si no cambiaran de cultivo. Esta observación refleja la magnitud de la transformación y la preocupación que genera.
El auge del cultivo de cannabis también ha provocado un aumento de la criminalidad y problemas de seguridad en la región. La policía ha descubierto y destruido varias grandes plantaciones de cannabis, como el hallazgo reciente de 20.000 plantas en la frontera con Kosovo y la destrucción de 320 plantas en Vlora.
La lucha contra el cultivo ilegal a veces tiene consecuencias trágicas. En un incidente en el llamado “reino del cannabis” de Albania, un policía fue asesinado durante un tiroteo con delincuentes. Este suceso subraya los peligros y la naturaleza violenta de la industria ilegal del cannabis en el país.
Aunque el cultivo de cannabis ofrece beneficios económicos a corto plazo para los agricultores albaneses y el campo, también conlleva riesgos y desventajas significativas. La dependencia de un cultivo ilegal expone a los agricultores a persecuciones penales y violencia.
Además, el cambio hacia el cultivo de cannabis reduce la producción de cultivos tradicionales, lo que puede amenazar la seguridad alimentaria en la región y provocar aumentos en los precios de los alimentos.

