Su gobierno laborista quiere establecer una cooperación más estrecha con Europa, para preocupación de los detractores euroescépticos.
La reunión marca un momento importante en la relación entre Londres y Bruselas. Desde el Brexit, los lazos mutuos se han enfriado, pero el nuevo gobierno británico ahora muestra disposición para volver a colaborar en diversos ámbitos. Según Starmer, esto beneficiará el empleo, reducirá las facturas y mejorará los controles fronterizos para el Reino Unido.
Ambas partes quieren negociar de manera pragmática sobre una serie de temas, como la cooperación en defensa, intercambios juveniles, pesca y reglas comerciales. Según varias fuentes, esperan una relación mutuamente beneficiosa, sin un retorno directo a la membresía en la UE ni una adhesión total al mercado interno.
Una preocupación creciente es la posibilidad de aranceles estadounidenses a la importación, que podrían afectar económicamente tanto al Reino Unido como a la UE. Londres y Bruselas se ven obligados a desarrollar conjuntamente una estrategia para evitar o mitigar conflictos comerciales con Washington.
Al mismo tiempo, la guerra rusa en Ucrania es otro motivo importante para una cooperación más estrecha. La amenaza militar y la posición inestable de Estados Unidos dentro de la OTAN presionan la estructura defensiva europea. Tanto la UE como el Reino Unido quieren coordinar mejor sus esfuerzos de defensa, sin socavar la OTAN como organización.
El gobierno británico considera, entre otras cosas, un tratado de seguridad con la UE, manteniendo autonomía respecto a las obligaciones de la OTAN. Esto se centra especialmente en la cooperación en ciberseguridad, intercambio de inteligencia y el abordaje de amenazas transfronterizas.
Organizaciones medioambientales británicas y europeas insisten en una mayor acción conjunta sobre políticas climáticas y ambientales. Llaman a medidas armonizadas para abordar problemas medioambientales transfronterizos. Aunque este tema es menos prominente en la agenda política, es una prioridad para las organizaciones sociales.
También proviene de la sector agrícola el llamado a una mejor cooperación económica. Varias fuentes informan que están en curso negociaciones para flexibilizar los controles alimentarios en las fronteras. Esto significaría un alivio importante, especialmente para los exportadores británicos de productos agrícolas.
Sin embargo, persiste la resistencia política. Algunos comentaristas británicos ven la nueva dirección de Starmer como una vía sigilosa de regreso a las normas de la UE. Según ellos, la soberanía británica volvería a estar en riesgo. El gobierno lo niega, pero reconoce que se trata de “cooperación estrecha” con acuerdos claros, no de una readmisión.

