Mientras los destinos tradicionales para la exportación de residuos, como China, cierran sus puertas a los residuos de los países de la UE, los países occidentales más ricos de la UE miran hacia los países del este. El resultado es un enorme aumento de la contaminación y el deterioro ambiental en Europa Central y del Este.
La Comisión Europea está trabajando actualmente, como parte del Green Deal, en la revisión de la normativa sobre el transporte de residuos, que data de 2006. La revisión tiene como objetivo facilitar el reciclaje dentro de la UE y reducir el transporte y traslado de residuos a países fuera de la UE.
Los expertos temen que un control más estricto de los transportes hacia destinatarios fuera de la UE pueda provocar un aumento del transporte de residuos hacia otros Estados miembros dentro de la UE.
“La UE genera demasiados residuos y no puede manejarlos. Por eso, estos residuos se envían a países con salarios más bajos y una protección ambiental más débil, como Turquía, Malasia o Indonesia”, afirmó Pierre Condamine, de Zero Waste Europe, a Emerging Europe.
Según la Comisión Europea, solo en 2019 la UE exportó 1,5 millones de toneladas de residuos plásticos, principalmente a Turquía, Malasia, Indonesia, Vietnam, India y China. Pero dado que ahora esa exportación está restringida, se teme que los residuos se dirijan hacia países con salarios más bajos como Polonia, Bulgaria o Rumanía. Los flujos de residuos que antes iban al Sudeste Asiático se están desviando hacia Europa Central y del Este.
Desde este año existen tres nuevas limitaciones para la exportación de residuos fuera de la UE, especialmente para ciertos tipos de plástico. Como resultado, varios miembros de la UE en la región de Europa Central y del Este han experimentado un aumento en la importación de basura.
Aunque esto es técnicamente legal, se ha comprobado que los transportes etiquetados como “material reciclable” en realidad contienen residuos no reutilizables, un servicio por el que algunas empresas están dispuestas a pagar sumas considerables y que en ocasiones colaboran con grupos del crimen organizado.
El problema es especialmente grave en Rumanía. La policía fronteriza en la ciudad portuaria rumana de Constanza (en el Mar Negro) encontró en abril varios contenedores cargados con residuos que habían sido importados ilegalmente. La documentación del envío indicaba que contenía solo plástico reciclable, pero resultó que también había madera, metal y residuos peligrosos, como baterías. Los contenedores habían sido apilados en Alemania por una empresa belga.
De manera similar, Polonia, que tras Turquía y Malasia ya es el tercer mayor receptor de residuos del Reino Unido, también ha sufrido un aumento de los transportes desde la UE.
Mientras Austria, Alemania e Italia son acusados de no hacer lo suficiente contra la exportación ilegal hacia Polonia, Alemania fue en 2019 el origen del 70% de los residuos que llegaron a Polonia.
También en 2019, la policía en Cracovia, Katowice y Czestochowa arrestó a 15 personas acusadas de formar parte de la “mafia de los residuos”, tras hallar 2.452 toneladas de residuos almacenados ilegalmente en y alrededor de esas tres ciudades. Habían cobrado dos millones de euros por sus servicios, lo que demuestra lo lucrativo que puede ser la industria de los residuos.

