La contienda entre el liberal alcalde proeuropeo de Varsovia, Rafał Trzaskowski, y el nacionalista conservador Karol Nawrocki es tan reñida que las encuestas no indican un ganador claro.
En la primera vuelta, Trzaskowski obtuvo el 31,1% de los votos, mientras que Nawrocki recibió el 29,5%. El tercer lugar fue para el candidato libertario Sławomir Mentzen, quien reunió casi el 15% de los votos. Sus simpatizantes pueden ser decisivos en la segunda ronda.
Mentzen ha presentado un plan de ocho puntos en el que, entre otras cosas, se opone a aumentos de impuestos y a la membresía de Ucrania en la UE. Nawrocki ha firmado este plan en un intento por obtener el apoyo de la base de Mentzen. Trzaskowski se ha pronunciado de manera selectiva sobre algunos de estos puntos.
Nawrocki, apoyado por el partido opositor Ley y Justicia (PiS), aboga por la preservación de los valores tradicionales y una postura crítica frente a la UE. El presidente en Polonia tiene un poder ejecutivo limitado, pero puede vetar legislación e influir en la política de seguridad.
Trzaskowski, respaldado por la Coalición Cívica gobernante del primer ministro Donald Tusk, representa una línea proeuropea y reformas dentro del estado de derecho. Entre los jóvenes votantes, hay un creciente descontento hacia el establishment político. Este grupo demográfico puede desempeñar un papel crucial en la segunda vuelta, dado que su comportamiento electoral es difícil de predecir.
En las zonas rurales, Nawrocki cuenta con un apoyo considerablemente mayor, especialmente entre agricultores y trabajadores agrícolas. En la primera vuelta obtuvo allí el 38,1% de los votos, frente al 21,7% de Trzaskowski. Esta brecha subraya la división entre las áreas urbanas y rurales en Polonia.
A nivel internacional, Nawrocki ha recibido apoyo de figuras como el primer ministro húngaro Viktor Orbán y el expresidente estadounidense Donald Trump. Este apoyo destaca las implicaciones geopolíticas de las elecciones, especialmente en relación con la posición de Polonia dentro de la UE y sus relaciones con los países vecinos.
Las elecciones son vistas como un referéndum sobre el futuro de Polonia: una elección entre una mayor integración con la UE y la preservación de la soberanía nacional. El resultado no solo influirá en la política interna, sino también en el papel de Polonia en el escenario europeo.

